¿La inteligencia artificial ayudará a la humanidad o la destruirá?

martes, 12 de mayo de 2026

12/05/2026 – El especialista Gustavo Béliz reflexionó sobre cómo la inteligencia artificial puede acelerar el desarrollo sostenible o transformarse en una amenaza para la democracia, la paz y el cuidado de la Casa Común.

La inteligencia artificial y los desafíos del desarrollo humano

En el ciclo “Un mundo artificial, ¿una sociedad más humana?”, el especialista Gustavo Béliz analizó el impacto de la inteligencia artificial sobre el desarrollo humano, la democracia y el cuidado del ambiente. Desde Roma, donde participa de encuentros internacionales sobre tecnología y ética, propuso una mirada que combine esperanza, responsabilidad y discernimiento.

Béliz recordó especialmente el discurso de Papa Francisco ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015, cuando se presentaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En aquel momento, explicó, la inteligencia artificial todavía no tenía la presencia global que posee hoy, por lo que el gran desafío actual consiste en pensar cómo utilizar esta tecnología para acelerar esos objetivos y no para profundizar desigualdades. “La inteligencia artificial bien usada puede ser una gran herramienta para alcanzar estos objetivos y no solo para monitorearlos en tiempo y forma”, señaló.

Tecnología al servicio de la vida

Durante la reflexión, Béliz compartió múltiples ejemplos concretos de aplicaciones positivas de la inteligencia artificial en América Latina. Entre ellos, mencionó herramientas para detectar incendios forestales en Chile, prevenir el dengue en Brasil, mejorar la seguridad vial, detectar fugas de agua en Perú y anticipar el abandono escolar en Uruguay y Mendoza.

También destacó el uso de algoritmos verdes y centros de datos sustentables para disminuir el impacto ambiental de las tecnologías. “Identificamos 500 buenas prácticas del uso de la inteligencia artificial para mejorar el desarrollo humano”, explicó al referirse al Atlas de Inteligencia Artificial para América Latina y el Caribe.

Estas experiencias muestran que la inteligencia artificial puede contribuir a mejorar la salud, la educación, el cuidado ambiental y la transparencia institucional cuando se orienta al bien común.

El verdadero problema es el uso del poder

Sin embargo, el especialista aclaró que el debate sobre inteligencia artificial no es solamente tecnológico. El centro de la discusión es el uso del poder. “Todo esto no es una cuestión tecnocrática, tiene que ver con el buen uso del poder”, afirmó.

En ese sentido, compartió algunos puntos centrales de la declaración elaborada recientemente en la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, donde se advierte que el poder pierde legitimidad cuando se ejerce sin sabiduría, justicia y virtud. “Sin orientación ética, el poder se vuelve violencia”, señaló.

La preocupación no es abstracta. Béliz advirtió sobre el deterioro de la democracia a nivel global y el creciente descrédito de las instituciones democráticas.

La democracia en crisis y la fascinación por la inteligencia artificial

Uno de los datos que más llamó la atención en la reflexión fue el contraste entre la caída de la confianza en la democracia y el creciente interés social por la inteligencia artificial.

Según explicó, distintos estudios internacionales muestran que muchas personas comienzan a confiar más en las capacidades de la inteligencia artificial que en los sistemas democráticos tradicionales.

Esta tensión resulta especialmente preocupante porque, al mismo tiempo, crece el temor por el impacto de la tecnología sobre el trabajo, la salud mental y la manipulación de la información. “La democracia está en declinación sostenida durante los últimos 20 años”, advirtió.

Inteligencia artificial, guerra y paz

Otro de los ejes centrales fue la relación entre inteligencia artificial y conflictos armados. Béliz recordó que actualmente existen decenas de guerras activas en el mundo y que gran parte del desarrollo tecnológico está siendo utilizado con fines militares. “Hay 59 conflictos armados en el mundo”, alertó.

En este contexto, cuestionó el enorme gasto militar global y lamentó que muchos recursos destinados a armamentos no se utilicen para combatir la pobreza o mejorar la vida de las personas.

También explicó que la inteligencia artificial puede transformarse en una gran consumidora de energía y en una herramienta de manipulación si se utiliza para controlar poblaciones o alimentar conflictos.

Por el contrario, bien aplicada, puede ayudar a desarrollar energías limpias, mejorar la eficiencia energética y reducir la huella ambiental.

Humanizar la tecnología

A lo largo de toda la entrevista, Béliz insistió en la necesidad de “rehumanizar el orden común”. La inteligencia artificial, explicó, no debe reemplazar la inteligencia humana ni destruir la vida comunitaria, sino fortalecerla. “La inteligencia artificial puede ser un gran camino para acelerar el desarrollo de nuestros pueblos con un sentido humano integral o puede ser una gran destructora de humanidad”, afirmó.

Por eso subrayó la importancia de construir una tecnología con orientación ética, inspirada en la dignidad humana y en el cuidado de los más vulnerables.

La esperanza también viene desde abajo

Hacia el final, el especialista retomó una idea muy presente en el pensamiento del Papa Francisco: el “multilateralismo desde abajo”.

Según explicó, muchas veces las transformaciones más importantes no nacen de las grandes potencias, sino de las comunidades, organizaciones y pueblos que exigen soluciones concretas y más humanas.

“Tenemos que continuar resistiendo un modelo que no nos incluye desde el punto de vista de la deshumanización de la tecnología”, expresó.

Al mismo tiempo, invitó a reconocer las “luces” que también existen en el desarrollo tecnológico y que pueden abrir caminos de esperanza para los pueblos más pobres y marginados.

Ni ingenuidad ni miedo

Para cerrar, Béliz advirtió sobre el riesgo de caer en miradas ideologizadas de la tecnología. “El peor error sería una mirada ideologizada de la tecnología”, afirmó. La inteligencia artificial, concluyó, no es buena ni mala en sí misma. Todo dependerá del uso ético, político y humano que hagan de ella las sociedades y sus dirigentes.