El padre Sebastián García nos invita a descubrir que la verdadera gloria de Jesús no está en el poder ni en las grandes gestas, sino en el amor entregado, el servicio humilde y la vida cotidiana vivida en Dios.
En el Evangelio de hoy (Jn 17,1-11a), Jesús eleva al Padre una profunda oración conocida como la “oración sacerdotal”. Allí aparece repetidamente una palabra clave: gloria. Pero la gloria de Jesús no tiene nada que ver con el éxito humano, el prestigio o el poder.
El padre Sebastián García propone descubrir tres dimensiones de esa gloria.
La primera es el amor entregado. Jesús no muere simplemente como víctima de una injusticia: entrega libremente su vida por amor. En la cruz, Dios entra plenamente en el misterio del dolor y de la muerte humana para llenarlo de sentido y esperanza.
La segunda dimensión de la gloria es el servicio. Jesús vive totalmente unido al Padre y encuentra su plenitud haciendo su voluntad. La verdadera grandeza cristiana no pasa por sobresalir o dominar, sino por servir humildemente, como el Maestro que lava los pies de sus discípulos.
Y la tercera dimensión es la vida. Jesús vino para que tengamos vida en abundancia: una vida plena, profunda, eterna, capaz de transformar el corazón y darle sentido a toda nuestra existencia.
Frente a una cultura que asocia la gloria con el éxito, la fama o las grandes conquistas, el Evangelio propone otro camino: descubrir a Dios en lo pequeño, lo sencillo y lo cotidiano.
La catequesis insiste especialmente en esto: la santidad no está reservada para unos pocos extraordinarios. Se juega en la vida diaria, en el amor concreto, en el trabajo silencioso, en la entrega cotidiana y en la fidelidad sencilla.
Allí, en lo ordinario de cada día, Dios sigue actuando.
Por eso Jesús no nos invita a escapar del mundo, sino a vivir en él con un corazón transformado por el Evangelio. Permanecer en el mundo sin dejarnos dominar por la mundanidad es el gran desafío del discípulo misionero.
Hoy el Señor nos invita a preguntarnos:
👉 ¿Qué entiendo por “gloria” en mi vida?👉 ¿Busco reconocimiento o busco amar y servir?👉 ¿Descubro a Dios en mi vida cotidiana?👉 ¿Estoy dejando que Jesús transforme mi manera de vivir lo simple de cada día?
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que tu Hijo te glorifique a ti.
Porque le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú le has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tú has enviado.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste; y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que tú me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, mientras yo vuelvo a ti».
Palabra del Señor.Gloria a ti, Señor Jesús.