20/05/2026 – En un nuevo espacio de reflexión sobre la figura de María en el tiempo pascual, la hermana Mónica Cordero, consagrada de la Diócesis de Río Gallegos, invitó a redescubrir el lugar de la Virgen como discípula y madre cercana, capaz de acompañar la vida cotidiana de los creyentes en medio de las dificultades, las búsquedas y la esperanza.
La hermana Mónica recordó que María fue viviendo cada momento de su historia guiada por la escucha de Dios y la confianza en su Palabra. Desde la Anunciación hasta las distintas escenas del Evangelio, explicó que la Virgen supo “atesorar” los pasos de Dios en su vida, guardándolos profundamente en el corazón. En ese camino de fe, destacó el episodio de las Bodas de Caná, donde María aparece atenta a las necesidades de los demás y cercana a quienes atravesaban una dificultad concreta. Según expresó, esa capacidad de mirar con sensibilidad lo que sucede alrededor sigue siendo hoy una enseñanza para todos los creyentes.
Uno de los pasajes centrales de la reflexión fue el episodio evangélico en el que Jesús expresa: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican». Lejos de interpretar esas palabras como un desprecio hacia María, la hermana Mónica explicó que se trata de un reconocimiento profundo a su modo de vivir la fe. “Es un hermoso elogio a María esa expresión de Jesús”, aseguró.
En ese sentido, subrayó que María “concibió antes por la fe que por la sangre” y que, a partir de allí, todos los creyentes están invitados a convertirse también en familia de Jesús mediante la escucha y la fidelidad al Evangelio.
La hermana también dedicó parte del encuentro a reflexionar sobre las distintas advocaciones marianas y la relación afectiva que las comunidades construyen con cada imagen de la Virgen. Desde Luján hasta Río Gallegos, explicó que cada representación expresa una gracia particular y una forma concreta de cercanía maternal.
En especial, destacó la devoción a María Auxiliadora, muy presente en el sur argentino. “Cuando nos dicen ‘cúbranse con el manto de la Virgen’, no solo es que nos proteja, sino que nos socorra, que nos dé abrigo y que nos permita encontrarnos con Jesús”, afirmó.
Finalmente, invitó a contemplar aquellas imágenes de María que forman parte de la historia personal y familiar, descubriendo en ellas una presencia que acompaña, sostiene y acerca más profundamente a Dios.
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