En la catequesis de hoy, el padre Javier profundiza en uno de los diálogos más conmovedores del Evangelio: el encuentro entre Jesús resucitado y Pedro a orillas del lago de Tiberíades. Después de las negaciones, Jesús no le reprocha su fragilidad ni le recuerda su caída. Solo le hace una pregunta que atraviesa el corazón:
“Simón, ¿me amas?”
A partir de este diálogo, el padre Javier explica cómo Jesús transforma el amor pequeño, herido y humilde de Pedro en una misión concreta: apacentar, cuidar y acompañar al pueblo de Dios.
La reflexión también invita a descubrir que el verdadero pastor nace de la misericordia y no de la perfección. Jesús no busca héroes impecables, sino discípulos capaces de dejarse amar y servir desde su propia fragilidad.
Además, la catequesis se ilumina con el conmovedor testimonio del sacerdote cordobés Martín Carranza, quien después de una grave mala praxis médica transformó el sufrimiento en una vida ofrecida, sostenida por la fe, la esperanza y el amor de Dios.
Evangelio del día — Juan 21,15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos después de comer, dijo a Simón Pedro:
“Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?”
Él le respondió:
“Sí, Señor, tú sabes que te quiero.”
Jesús le dijo:
“Apacienta mis corderos.”
Le volvió a decir por segunda vez:
“Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”
“Sí, Señor, sabes que te quiero.”
“Apacienta mis ovejas.”
Le preguntó por tercera vez:
“Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?”
Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería y le dijo:
“Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero.”
“Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos y otro te atará y te llevará a donde no quieras.”
De esta manera indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios.
Y después de hablar así, le dijo:
“Sígueme.”