El ciento por uno: la verdadera ganancia de seguir a Jesús

martes, 26 de mayo de 2026

El Evangelio de hoy (Marcos 10, 28-31) nos sitúa ante un diálogo muy humano entre Pedro y Jesús. Ante la afirmación de Pedro, «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido», Jesús responde con una promesa conmovedora: la certeza del ciento por uno en este mundo —junto con las persecuciones— y la vida eterna en el futuro. Esta Palabra nos invita a profundizar en lo que verdaderamente significa ponerse en camino detrás del Maestro.

La iniciativa siempre viene de Dios A diferencia de otras tradiciones antiguas o del rabinismo de la época, donde el discípulo elegía a qué maestro seguir, en clave de Jesús la iniciativa es siempre divina. No somos nosotros quienes lo elegimos, es Él quien nos elige y hace sentir su voz en medio de las vicisitudes de la vida cotidiana. Su llamada no es para cumplir una simple tarea o función; Jesús nos llama para entablar un vínculo personal, para transformarnos el corazón y hacernos testigos de su amor.

Un camino donde todo es ganancia Cuando el Señor nos convoca, muchas veces aparece la resistencia o el miedo a perder lo que tenemos. Durante la reflexión, compartimos un testimonio personal que ilustra este combate interior: un 1º de octubre de 1982, en la encrucijada entre elegir la carrera de agronomía, la siembra y la vida de campo, o ingresar al sacerdocio. La pregunta inicial solía ser «¿cuántas cosas dejo?» (los afectos, el deporte, los proyectos personales). Sin embargo, el día en que se da el «sí», la experiencia interior se transforma por completo: se abre un horizonte inmenso donde ya no hay límites y todo se vuelve ganancia. Como decía San Pablo: «Habiéndolo dejado todo, me lanzo hacia adelante para alcanzar a Cristo Jesús, mi verdadero tesoro». Seguir a Jesús no se trata de lo que le damos, sino de lo que Él nos ofrece para abrazar.

Discípulos misioneros: una sola identidad Haciendo eco del Documento de Aparecida y de las reflexiones del arzobispo de Córdoba, recordamos que la misión no es un agregado o una tarea extra a nuestra condición de creyentes. Somos «discípulos misioneros». La misión es connatural al hecho de ser discípulos. Lo que nos atrae del Señor —su paciencia, su ternura, su misericordia— se convierte en la misma llamada que Él nos hace para reflejar en escenarios bien concretos de nuestra vida de todos los días.

El encuentro que lo cambia todo El Evangelio contrasta esta actitud con la del joven rico, a quien le costó desprenderse de sus bienes porque no pudo dar el paso al seguimiento. La clave radica en que nadie deja lo que tiene si no se le ofrece algo infinitamente más atractivo. Solo cuando se produce un verdadero encuentro personal con Jesús nace la capacidad de desprendernos de nuestros propios gustos y pareceres para configurarnos con el querer del Maestro. A veces, ese camino nos asocia a su Cruz; una Cruz que puede no ser lo más gustoso en el momento, pero que siempre termina siendo lo más fecundo y fructífero para nuestras vidas.

Mirá la catequesis completa

Te invitamos a detenerte, orar y descubrir a qué te está llamando el Señor en tu realidad de cada día. Podés revivir la reflexión completa en el siguiente video:

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     10, 28-31

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»
Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.
Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.»

Palabra del Señor.