05/01/2026 – En el espacio dedicado a los adultos mayores, la psicóloga Ángela Sanutti introdujo respecto de su libro titulado “La última vez que fuimos niños”. La obra propone un camino de psicoespiritualidad centrado en recuperar la esencia primordial y la alegría que se posee antes de ser condicionados por las exigencias sociales. Sanutti argumentó que “el miedo y el control bloquean nuestro potencial, transformándose en diagnósticos que a menudo patologizan el simple sufrimiento humano”. A través de una mirada hacia el interior, la autora invita a los adultos a sanar heridas emocionales mediante el auto-abrazo y la aceptación. El texto destaca que la evolución personal requiere soltar la resistencia para permitir que la vida y los dones naturales florezcan nuevamente. Finalmente, se enfatiza que la verdadera madurez surge al integrar nuestras memorias de dolor para reconectar con una vitalidad creativa y auténtica.
“El concepto de niño primordial o esencia se refiere a la singularidad original con la que cada ser humano llega al mundo y que constituye nuestro potencial más profundo. Según las fuentes, este concepto no debe confundirse con la idea de un «recipiente vacío» que debe ser llenado por la educación, sino que representa un manojo de cualidades y valores intrínsecos que vienen en forma de «semilla» para ser desarrollados. En la naturaleza del niño primordial se encuentra un manantial de vida, hay cualidades interiores y disponibilidad incondicional. Pero hay que distinguir claramente entre el niño primordial y el niño herido. Este último se identifica con la herida, tiene bloqueos temporales y una vida latente que busca salir a la luz. En tanto, el niño primordial suele quedar oculto debido a una educación basada en el «deber ser», la exigencia y el perfeccionismo. Este sistema enseña a controlar la vida por miedo, lo que provoca una desconexión de nuestra interioridad. Perder el contacto con la esencia significa perder la alegría de vivir y depender de estímulos externos (como el consumismo) para sentirse vivo”, adujo Sanutti.
“Es necesario reconectarse con el niño primordial dado que implica un proceso terapéutico y vital de perder el miedo a vivir, abrazar la propia interioridad y escuchar la verdad emocional. El niño primordial es esa fuerza creativa y vital que espera ser reconocida y abrazada para que la vida pueda florecer plenamente, sin importar la edad que se tenga. De acuerdo con las fuentes, la diferencia fundamental entre el niño primordial y el niño herido radica en que el primero representa nuestra identidad esencial y potencial, mientras que el segundo es una identificación con el dolor y los bloqueos que han ocultado esa esencia a lo largo del tiempo”, sostuvo la autora.
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