Hacerse la señal de la cruz y otros signos sagrados

miércoles, 25 de febrero de 2026

25/02/2026 – Monseñor Juan Ignacio Liébana, Obispo de Chascomús, continuó explicando los diferentes signos de la espiritualidad popular como son los cuadernos de intenciones, las bendiciones, las ofrendas, las promesas, tomar gracia de las imágenes y la señal de la cruz. “En los santuarios, los peregrinos se acercan a los cuadernos de intenciones para volcar su corazón. Cada uno carga en su mochila escritos sagrados de hermanos y hermanas que no han podido participar de la fiesta. Muchos dejan cuadernos o urnas con peticiones, cartas, agradecimientos de gente de sus lugares. Después de haber encendido una vela y haber estado un buen rato frente a la Imagen, nuestros pies se dirigen espontáneamente hacia el cuaderno. Las palabras fluyen con rapidez, sin pensar demasiado lo que escribimos. La mano se suelta al ritmo del propio corazón, sin muchas vueltas, para expresarle a Dios lo que sinceramente sentimos. No hace falta mucho encabezado, ni palabras difíciles o ceremoniosas. Le escribimos coloquialmente, con mucha ternura y de forma directa, como si le estuviéramos hablando cara a cara”, aportó Juani.

“Una de las más valiosas herencias que los padres han legado a sus hijos ha sido la bendición. En los tiempos de antes, el peor castigo que un padre podía dar a su hijo era negarle la bendición. Bendecir significa decir el bien, desear el bien a otra persona. En nuestra cultura, la bendición ocupa un lugar muy importante, no sólo en la vida de nuestros Santuarios, sino en nuestra vida cotidiana. Los padres participan del poder de Dios para bendecir a sus hijos, cada día, al levantarlos y al acostarlos. Los padrinos también poseen la misión de bendecir a sus ahijados, no sólo para la Pascua, sino en toda ocasión. Esta bendición nos hace bien a todos. En un mundo donde reina la violencia y la indiferencia, las palabras malas, tristes y vacías, encontrar a alguien que nos nombre bien y nos desee el bien, es un inmenso tesoro. En nuestras oraciones de cada día pedimos a Dios que nos bendiga. En ellas también bendecimos a Dios con nuestras palabras, le decimos cosas bellas y buenas, lo alabamos, adoramos, lo nombramos con amor, nos alegramos de que Él sea nuestro Dios. Al ser bendecidos, sentimos la fuerza especial de Dios que nos reconoce como hijos, únicos y valiosos. La bendición nos saca de todo anonimato. En ella Dios pronuncia con amor nuestro nombre y nos dice cosas bellas y buenas. Ser bendecidos nos lleva a multiplicar esta bendición con los demás, deseándoles y diciéndoles cosas buenas y bellas”, dijo. También presentó las ofrendas, las promesas, el tomar gracia de una imagen santa, armar altares y grutas familiares, el hacerse la señal de la cruz y las novenas y misas por los difuntos, entre otros temas .

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