27/02/2026 – En esta ocasión y cerrando el ciclo 2026, la escritora y periodista Diana Arias compartió la historia de amor de su propia abuela Enriqueta y su abuelo Alfredo, que a pesar del tiempo y la distancia pudo concretarse. “La historia de Enriqueta Bonora y Alfredo Arias es muy especial, porque ellos eran mis abuelos. Comienza en Los Olivares, en el partido bonaerense de Coronel Dorrego, en 1916. El río Quequén Salado fluía con tranquilidad y allí, abrazados, estaban los dos jóvenes. Desde aquel día en que Enriqueta le regaló un ramo de glicinas a él, el amor floreció entre ambos. Ella sentía que perdía el sentido del tiempo. Se besaron y Alfredo le anticipó a Enriqueta que esa misma noche iba a pedir su mano en la casa de la joven. Pero sus padres no estaban de acuerdo con esta relación. Cuando regresó a su casa, Enriqueta se encontró con un hombre mayor llamado Abelardo, que tenía un dibujo en sus manos. La joven no entendía nada y menos cuando su padre le pedía que hablara con Abelardo. El dibujo parecía de cuentos, con torres, ventanales y un camino señorial. Enriqueta miró a su padre buscando una explicación para esa absurda situación que estaba viviendo. Abelardo tomó la palabra y le dijo que ese castillo lo iba a construir para casarse con ella y que el padre de Enriqueta ya había dado su apoyo a la idea. La joven, ante esto, se desmayó”, relató Arias.
“Por su parte, Alfredo estaba en problemas porque su familia estaba en la quiebra y él corría el riesgo de ser devuelto a su país, España. Alfredo dejó todo plasmado en una carta para Enriqueta, donde también le decía que la amaba con toda su alma. Esa misma noche, Alfredo partió. Entre tanto, Enriqueta era atormentada por su padre para que se casara con Abelardo. Fue así que la joven le confesó que amaba a Alfredo Arias y esto hizo colapsar a su papá. Enriqueta aún esperaba que Alfredo llegara esa noche, pero eso no ocurrió. Por la mañana, la hermana de Enriqueta le trajo la carta de su enamorado. Pero como tenía las iniciales del autor de la carta, pensando que era de Abelardo Ayarbe, la rompió. Y cuando supo que Alfredo se fue del pueblo, lloró aún más. Nunca supo lo que decía la carta. Poco a poco, todos los Arias se fueron yendo de Los Olivares, en Dorrego. Eso la hizo enojar. El tiempo pasó y el espíritu valiente y emprendedor de Enriqueta la salvó. El pueblo de Oriente necesitaba gente como ella, entonces se fue a vivir allí. Pasaron cinco años y la joven conoció en un baile a Ignacio. Seis meses después decidieron casarse con una boda sencilla. El amor entre ellos funcionaba bien porque todo lo que Ignacio planteaba, Enriqueta lo hacía acción. Un año después, esperaban su primer hijo. En el séptimo mes de gestación, Ignacio viajó a Buenos Aires. Y siete días más tarde le avisaron a la joven que su marido había muerto por una apendicitis. Como único capital a Enriqueta le quedaron unos libros y una máquina de coser. El 11 de marzo de 1924 nació su primer hijo, Ignacio Enrique Calle. En esos largos años, Enrique se enojó a la distancia con Enriqueta porque no respondió su carta y porque se casó con Ignacio. Se casó con Lucía Telechea, la mujer más linda que había conocido jamás, según los dichos de Enrique. Entre 1925 y 1927 nacieron Oscar y Severino. Pero la salud, Lucia enfermó y murió en 1933. Alfredo y Enriqueta eran viudos. En 1931, ella volvió a casarse, esta vez vez con Martas Aligarzabal, un hombre mayor que la conquistó con sus conocimientos de campo. Tuvieron dos hijos: Etelvina y Néstor. A esa altura, era doña Enriqueta. Matías sufría del corazón y en 1938 falleció. Enriqueta nuevamente quedó viuda con tres hijos y una estancia que administrar. En 1939, Alfredo llegó a la Argentina para vivir en Oriente y arrendó una humilde chacra que justo estaba frente a la estancia de doña Bonora. Alfredo decidió enviarle una nota a Enriqueta para volver a verse. Ella estaba nerviosa pero la alegría volvió a ella. El reencuentro se dio rápidamente en la casa de Enriqueta, 23 años después de haberla dejado. Sus hijos se volvieron amigos. En medio de la sorpresa de parientes y amigos se casaron y en 1945 tuvieron un hijo llamado Enrique Alfredo. Ese niño era mi papá que vivió en una gran familia ensamblada”, cerró la escritora Finalmente, Diana comentó el caso de abuelas que tenían nombres de reinas como Victoria, Isabel, Catalina, Elena, Margarita, Carlota, Aurora, Julia, Sofía, Reina o Emperatriz. Para encontrar a Diana Arias en Instagram hay que ir a @dianaariasoficial
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