11/02/2026 – Hablando de la espiritualidad popular, monseñor Juan Ignacio Liébana se refirió a las peregrinaciones marianas y cómo el signo del agua bendita es un sacramental que está muy presente en nuestras comunidades. Aseguró el obispo de Chascomús: “Hay distintas maneras de caminar en la vida. Podemos hacerlo como turistas, sin un rumbo fijo o lo podemos hacer como peregrinos, con una meta clara, con un rumbo fijo. Meta que nos hace sortear las dificultades y obstáculos que la vida nos va presentando. La gran virtud del caminante es la esperanza, la única capaz de hacernos dar pasos, aún en medio de tinieblas, dolores e incertidumbres. Por eso, decimos que lo último que se pierde es la esperanza. Con ella, el que camina ya posee, de alguna manera, la meta anhelada. La lleva bien adentro, como motor que empuja sus pasos. Como dice el cantautor Jairo, el final del camino qué buen misterio y es que nunca está afuera porque está adentro. Hemos de ser muy pacientes para no desesperar ante las dificultades y obstáculos, con los ojos puestos en la meta, en la promesa que sostiene nuestros pasos».
El prelado también indicó que “el agua es un elemento esencial para la vida. Sin agua no hay vida. Ella nos permite vivir, refrescarnos, cocinar, higienizarnos, compartir un mate, saciar nuestra sed, hacer crecer las plantas. Llevamos el agua bendita a nuestros hogares para persignarnos, bendecirnos, purificarnos, refrescar, en nosotros, la vida de Dios. Vida que queremos cuidar, hacer crecer y defender contra todo aquello que la quiera debilitar o amenazar. El agua bendita nos recuerda el bautismo, nuestra dignidad infinita y valiosísima de hijos amados de Dios. Al usarla, somos purificados de todo mal, renovando la certeza del amor gratuito de Dios que nos rescata del pecado, la soledad y el sinsentido. Por el agua bautismal somos incorporados al Pueblo de Dios, a la familia de la Iglesia. Tenemos muchos hermanos con los que compartimos la fe y a los que debemos tratar bien, cuidar y reconocerlos en su dignidad de hijos de Dios. El agua bendita nos compromete a vivir nuestra misión en la Iglesia, despabilándonos contra todo letargo o estancamiento. El agua bendita se derrama abundantemente para empapar lo más hondo de nuestras vidas y llenarlas con la presencia de Dios”.
No te pierdas de escuchar la entrevista completa en nuestro canal de You Tube: