18/02/2026 – Monseñor Juan Ignacio Liébana, Obispo de Chascomús, volvió a hablar de los signos de la espiritualidad popular, haciendo centro en las velas, las flores y la ceniza, penitente de este miércoles donde se inicia la Cuaresma. “La luz, al igual que el agua, es esencial para la vida. Encender una vela es volver a encender nuestra fe. Su llama nos remite a la primera llama encendida en nuestro bautismo, portada por nuestros padrinos, con el compromiso de cuidarla y hacerla crecer cada día. La vela encendida expresa la luz de la fe que irradia en nosotros y en los demás. Ella es signo de la Vida Nueva que nos trae Jesús. La encendemos junto a la tumba de nuestros seres queridos, como certeza de que verán la luz del rostro de Jesús Resucitado. Alumbramos y velamos a nuestros santos y nos dejamos alumbrar por ellos, que nos dan a luz, haciéndonos nacer de nuevo. Muchas veces dejamos la luz de la vela, mientras continuamos con nuestras actividades, para pedir por alguna intención, para honrar algún santo en su día, para que la vela rece por nosotros. Es signo de nuestra vida que se derrama, derrite y entrega ante el Señor y la Virgen. Es signo de la victoria de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte, de la misericordia sobre el pecado”, señaló el prelado bonaerense.
“Ante la presencia de una flor nuestro corazón se aquieta y se detiene. Su belleza y armonía, su luz y su orden interno, despiertan en nosotros el asombro y la admiración. Descubrimos la mano reciente del Creador, artesano de tanta belleza y perfección. En el signo de la flor expresamos nuestro cariño, nuestra atención y dulzura. La llevamos orgullosos y agradecidos ante nuestra madre en su día. La ofrendamos con ilusión ante alguna persona amada. La ponemos como centro de mesa en el hogar, marcando la ocasión especial que estamos viviendo. Expresamos en este signo lo que, muchas veces, no podemos decir en palabras. Su aroma y color, su armonía y luminosidad nos arranca una sonrisa, nos conecta con nuestros sentimientos más nobles. Nuestros pulmones se hinchan para absorber toda su fragancia, oler todo su misterio. La presencia de la flor irrumpe en lo cotidiano, para hacernos trascender lo oscuro y gris de la rutina, con un tono y colorido especial que su belleza nos otorga. Sin embargo, nada más frágil y pasajero que una flor. Está por un tiempo y luego se marchita. Su misión consiste en alegrarnos, embellecernos y extasiarnos, para luego pasar pronto al olvido”, agregó Liébana. “El Miércoles de Ceniza marca el comienzo de la Cuaresma y hoy se impone la ceniza en la frente como símbolo de penitencia y conversión, recordándonos que somos polvo y al polvo volveremos, como dice el Antiguo Testamento”, afirmó Juani.
No te pierdas de escuchar la entrevista completa en nuestro canal de You Tube: