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Adoremos a Jesús en la Eucaristía
lunes, 24 de noviembre de 2008
Y al entrar al Templo, Jesús se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: "Está escrito: Mi casa será una casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones".
Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo. Pero no sabían cómo hacerlo, porque todo el pueblo lo escuchaba y estaba pendiente de sus palabras.
Lucas 19, 45 – 48
Qué importante es poder adorar a Jesús en la Eucaristía, entrar en la parroquia del barrio, en la capilla, para saludar a Jesús mi amigo, para adorarlo, aunque sea un ratito, si se puede más tiempo, mejor. Presentarle a
Jesús mis necesidades, mis alabanzas, mi amor…
Muchas veces he compartido esta anécdota, que a mí me llegó mucho. Se refiere a un obispo de Centro América, que siendo ya primado de su nación estaba en oración frente al crucifijo, de rodillas en la capilla y le preguntó al Señor: ¿Señor, cómo es que hoy voy a agradarte más?
Ésa fue la hermosa pregunta, con una actitud de sumisión ante el
Señor, mirando a Cristo en el crucifijo; postrado en adoración ante la presencia sacramental del Señor le pregunta ¿cómo es que hoy voy a agradarte más?
¡Qué hermosa disposición en el
corazón de este hombre! ¡Qué bueno si nosotros también estuviésemos siempre pendientes de cómo agradar a Dios! En esa oportunidad, el Señor le contestó, le habló verdaderamente usando palabras humanas (lo cual llamó mucho la atención al Cardenal), y le dijo:
“como más me vas a agradar hoy es quedándote un rato más en adoración en mi presencia.”
Y el Cardenal, con esa frescura del amigo, le contestó: Pero
Señor, tú sabes todo lo que tengo hoy, en mi función y en mis responsabilidades, no las puedo desatender… Y Jesús hizo como un movimiento de cabeza como diciendo
bueno, tú me preguntaste cómo es que me agradarías…
entonces el Cardenal agachó la cabeza, hizo una adoración, se levantó, fue a su oficina, levantó un teléfono, le pidió a la secretaria que cancelara algunas responsabilidades que tenía y se volvió a la capilla.
Y tras un rato de adoración, el Cardenal luego dio este testimonio: el
Señor me mostró la solución de situaciones pastorales que tenía que resolver y que hacía meses no me dejaban dormir…
¡Qué lindo cuando la gente va a rezar ante la Eucaristía, produce muchos frutos de paz!
Cuando uno va a la presencia del Santísimo, luego puede dar testimonio de lo que pasa en su corazón tras la adoración. La casa de Dios debe ser casa de oración. Debemos ir allí para orar al Señor, para adorarlo, para alabarlo.
Respecto al Evangelio de hoy, vemos
que finalmente Jesús llegó a Jerusalén y entró al templo.
Ayer contemplábamos al
Señor llorando lágrimas de dolor por no haber el pueblo escuchado el paso de Dios. La presencia del Señor no puede pasar desapercibida, Dios llora por mi dureza. ¡Cuánta dureza hay en los corazones! El Señor entra a mi corazón, a mi familia, a mi am
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