Alegría

viernes, 9 de noviembre de 2007
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Definiendo la virtud de la alegría
Es muy fácil apreciar si una persona es alegre o no, sin embargo, tratar de ser una persona así no es tan simple. Pensamos que el hecho de estar alegres se debe a la sucesión de acontecimientos positivos que van apareciendo en nuestras vidas, pero la alegría no sólo se encuentra, también es un valor que se construye desde dentro y el mejor ambiente y lugar para construirlo es la “familia”.

 

Para comprender qué es la alegría, se la puede comparar con el dolor. El dolor, generalmente tiene causas externas. Sin embargo, la alegría es al revés, proviene del interior, desde el centro de nuestra alma. Y desde allí, la paz se refleja hacia el exterior: sonreímos, andamos cantando o tarareando, nos volvemos serviciales…

 

Entonces, la alegría surge, en primer lugar, de una actitud interior, del espíritu con el que afrontamos la vida y las cosas. Quien decide que su paz interior es mayor que las cosas externas, entonces se acerca más a la alegría. Una alegría que viene desde dentro.

 
Ahora bien, ¿Qué significa vivir la alegría?

1. Aceptarse a uno mismo como es: Dar gracias por lo que tenemos y por lo que somos.

2. Disfrutar de las cosas, grandes y pequeñas y darles su justo valor: Aprender a descubrir lo bueno de las cosas, de cada día, de las circunstancias, lugares, personas, etc. Ser sencillo, vivir con lo necesario y agradecerlo.
3. Tener siempre una actitud positiva ante la vida y un espíritu de lucha y esperanza ante las dificultades: Viendo en ellas un aliciente para crecer, para madurar y nunca un obstáculo insalvable.

4. Promover un ambiente de amor y paz en donde nos encontremos: Ver lo bueno de los demás, ayudándoles en todo lo que podamos, buscando siempre su bien y omitiendo todo aquello que les pueda herir, perdonando, siendo comprensivos.

 

Por otro lado, surge la siguiente pregunta: ¿Qué facilita la vivencia de la virtud de la alegría?

Es fácil reconocer los efectos de la alegría, pero ¿cuáles son sus causas?, todos queremos vivir felices y alegres pero, ¿cuáles son las fuentes de la alegría?, ¿cómo fomentar esta virtud en la familia?

 

a. El amor: La fuente más profunda de la alegría es el amor, particularmente el amor en el matrimonio y en la familia. Ese amor es el principal “combustible” para estar alegres.

Quien no ama, no sonríe. Por eso, podemos decir que lo que más facilita esta virtud es la familia como comunidad de amor, o sea una familia donde se respire un ambiente de paz, donde todos se sientan amados por lo que son. De esta manera se puede definir la alegría como el amor disfrutado; la alegría es la primera consecuencia del amor y cuanto más grande es el amor, mayor es la alegría.

 

b. La apertura y la generosidad: El dar y el darse a los demás por el bien de ellos, nos da la felicidad del dar. El ambiente donde se aprende a entregarse sólo por el “gusto” de ayudar a los demás es el hogar familiar. Por el contrario, la generosidad nos hace vivir para los otros, nos hace superar el cansancio, para escuchar a los niños, para dedicar un tiempo especial para jugar, nos hace salir de nosotros, conversar o ir de paseo con todos el fin de semana… La alegría familiar no se plasma en una fotografía, se va tejiendo todos los días con pequeños detalles de donación, de cariño y atención. La virtud de la alegría está pues, alejada del egoísmo.

 

c. Una vida ordenada y sencilla: Una familia en donde se enseñe a disfrutar de las cosas simples de la vida es fuente de alegría para sus miembros. En la familia se aprende a vivir con lo que se tiene, con lo que papá y mamá nos dan; se aprende a disfrutar de una comida todos juntos, de una salida, se aprende a ser feliz conviviendo con los hermanos, conversando en familia, etc. En un ambiente familiar de serenidad, orden y alegría, todo esfuerzo se aligera, los deberes familiares no se ven como una carga sino como una entrega gustosa en beneficio de nuestros seres más queridos y cercanos.

 

d. Valorar el don de la vida: El tener vida ya es motivo suficiente de alegría, aún en las circunstancias adversas. Y si a este amor por la vida se le añaden las virtudes como la paciencia y la fortaleza, entonces se puede resistir en los momentos de dificultad con esperanza. Estas actitudes se aprenden en el seno familiar a través de los acontecimientos cotidianos y del ejemplo de los padres. Por todo lo anterior podemos deducir que lo que impide disfrutar de este valor de la alegría es el egoísmo, que nos hace vivir encerrados en nuestra persona; el materialismo, que nos hace buscar la felicidad en tener más cosas, en lugar de buscar la felicidad de los demás y de tratar de ser mejores personas; el dar más importancia a las cosas de la que objetivamente tienen, el vivir más pendientes del exterior, en lugar de cultivar el interior, etc.

 

 
La alegría es el ámbito más propicio para la educación en la paz y en la armonía. Pero, antes que un “medio” para la educación, podemos concluir que la alegría es el resultado de:

 

  • Unos padres que buscan la felicidad en la unidad y en el amor, como razón de su matrimonio, que aman a sus hijos sin sentir la necesidad de ausentarse de casa, cuyo propósito es buscar la felicidad del cónyuge y de los hijos más que la propia. 
  • Unos hijos que se sienten aceptados por sus padres y orgullosos de ellos, y no tienen necesidad de compensaciones fuera del hogar porque se encuentran a gusto en él.
  • Una familia, cuyos miembros se manifiestan el cariño y sienten el gozo de estar juntos; en la que reina la comunicación, el interés de unos por otros.
  • Un hogar que ofrece estas muestras de amor goza de una excelente salud psíquica. Para que una familia sea alegre y feliz no hace falta calcular el número de personas necesarias para lograrlo, ni las propiedades que son indispensables para ello.
 

Toda familia unida es feliz. La alegría y los valores se aprenden en casa y se transmiten a los demás como una forma natural de vida, es decir, dando ejemplo