«Dios no manda enfermedades ni pruebas»: La verdad sobre la poda espiritual

miércoles, 6 de mayo de 2026

«Dios no manda enfermedades ni pruebas»: La verdad sobre la poda espiritual

«¿Cuántas veces escuchamos decir que ‘Dios le da las peores batallas a sus mejores guerreros’? ¡Eso es mentira! Dios no necesita probarnos con el sufrimiento». Con esta contundente aclaración, la catequesis de hoy nos invita a sanar nuestra imagen de Dios y a comprender el verdadero sentido de la poda cristiana.

En una nueva edición de La Catequesis, a través de los micrófonos de Radio María Argentina, compartimos una profunda reflexión sobre el Evangelio de la vid y los sarmientos (Juan 15, 1-8). El mensaje nos propuso un itinerario claro para nuestra vida de discípulos misioneros: permanecer, contar solo con Jesús y dar fruto abundante.

El llamado a «permanecer» activamente

Ser discípulos no es simplemente «estar» en la Iglesia. Como nos enseña el Evangelio, el sarmiento no crece fuera de la planta: necesita estar entroncado para que circule la misma savia. «Permanecer es mantenernos fieles, de una manera activa y consciente, sabiendo que separados de Él no podemos hacer nada», se reflexionó durante el programa.

Cuando cerramos la puerta a otras «voces de sirena» y contamos solamente con la gracia de Jesús, inevitablemente empezamos a dar frutos. Y esos frutos, al igual que los de un árbol, no son para nosotros mismos, sino para alimentar a los demás y generar más vida.

Desmintiendo falsas imágenes de Dios

El punto más liberador de la catequesis llegó al analizar qué significa que el viñador «pode» al sarmiento para que dé más fruto. Muchas veces, por una mala catequesis o miedos humanos, creemos que si nos va «demasiado bien», Dios nos va a mandar una tragedia para equilibrar.

«Tenemos frases terribles que Dios nunca dijo, como ‘porque te quiero te aporreo’ o ‘Dios aprieta pero no ahorca’. Dios no nos manda una enfermedad como el cáncer para ver si tenemos fe. Dios es entera ternura y misericordia».

La poda espiritual no es un castigo ni una tragedia enviada desde el cielo. Es la obra del Espíritu Santo que, con infinita delicadeza, nos ayuda a cortar aquello que es tóxico, el pecado y nuestros apegos desordenados, para que podamos crecer más libres y sanos.

La muerte no es un castigo

Finalmente, se abordó el misterio de la finitud humana. La muerte y la enfermedad no son un «invento» de Dios para castigarnos, sino una condición natural de nuestra biología temporal. Lo que los cristianos pedimos no es evadir nuestra naturaleza finita, sino la gracia de una muerte digna y natural, luchando siempre contra las estructuras injustas que generan muerte prematura, como la guerra.

Dejemos que el viñador pode lo malo en nosotros, pero abracemos la certeza de que su mirada jamás es de condena, sino de amor infinito.


Mirá la Catequesis completa

(Te invitamos a ver el video para profundizar en esta sanadora enseñanza y liberar tu corazón de falsos temores)


Evangelio del día: Juan 15, 1-8

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí.

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca. Luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos».

Palabra del Señor.