En el camino hacia Jericó, un mendigo ciego se convierte en protagonista de uno de los encuentros más conmovedores del Evangelio. Bartimeo grita desde su pobreza y Jesús se detiene. En esta contemplación de los Ejercicios Espirituales descubrimos que la fe comienza cuando reconocemos nuestra ceguera y nos animamos a pedir al Señor una mirada nueva.
“Entonces llamaron al ciego y le dijeron: ‘¡Ánimo, levántate! Él te llama’. Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia Él.Jesús le preguntó: ‘¿Qué quieres que haga por ti?’.Él respondió: ‘Maestro, que yo pueda ver’.Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’.En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.”(Mc 10,46-52)
Siguiendo el espíritu de la Segunda Semana de los Ejercicios de San Ignacio, pedimos la gracia fundamental:
“Conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para más amarlo y seguirlo.”
Pero en esta contemplación podemos pedirla con las palabras del Evangelio:
“Señor, que pueda ver.”
Que el Señor nos conceda ver como Él ve, comprender nuestra vida con su mirada y seguirlo por su camino.
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Oración de San Ignacio
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer, Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es tuyo. Disponelo a tu voluntad, dame tu amor y gracia que ésta me basta.
En este espacio encontrarás todo el material diario y complementario para hacer los ejercicios en esta Cuaresma. (link a la categoría)