12/02/2026 – Ubicada a 75 kilómetros al sur de San Miguel de Tucumán, la ciudad de Concepción —conocida como “La Perla del Sur”— resguarda uno de los centros de espiritualidad mariana más significativos de la provincia: la Catedral y Santuario de la Inmaculada Concepción. Frente a la plaza principal, el templo no solo organiza la vida religiosa local, sino que también articula tradiciones que convocan a miles de fieles cada año.
Silvia Navarro, servidora del santuario, resume el valor simbólico de la fecha central: “Somos capital de la provincia el 8 de diciembre en honor a la Virgen Inmaculada, un acontecimiento que se da por única vez en el año”. Ese día, Concepción se transforma en el corazón devocional de Tucumán, con peregrinaciones, celebraciones litúrgicas y expresiones populares de fe.
La historia del santuario se enlaza con una imagen considerada fundacional. “La imagen que nosotros tenemos en la catedral de Concepción es una imagen histórica que da origen a la fundación”, explica Navarro. Tallada en madera de quebracho, de 1,20 metro de altura y aproximadamente 90 kilogramos, la tradición oral relata que fue hallada por soldados desertores a orillas de un río y que finalmente la entregan como agradecimiento a una anciana que los había socorrido. Tras pasar por un primer oratorio, la imagen fue trasladada en 1863 a la ubicación actual, donde más tarde se inauguró la catedral en 1911.
La presencia de la Virgen se proyecta más allá del templo. Durante noviembre, una réplica misionera recorre escuelas e instituciones. “Va por todos lados”, afirma Navarro. Sanatorios, comercios y hasta farmacias reciben la visita, en una práctica que fortalece el vínculo cotidiano entre la comunidad y su patrona.
Entre las costumbres más emotivas se destaca la imposición del manto, gesto que simboliza consuelo y protección. En la plaza Mitre, sacerdotes y religiosas bendicen mantos que luego se colocan sobre los fieles. El espacio se completa con confesiones y acciones pastorales que refuerzan el sentido de acogida.
La fiesta del 8 de diciembre convoca a cerca de 120.000 personas. Llegan los “misachicos”, grupos de peregrinos que avanzan con bombos y quenas como forma de oración. Tras la misa central, una imagen liviana de telgopor se eleva con globos y una leyenda, tradición que, según relatan los devotos, deja su mensaje en cualquier punto de la ciudad.
Concepción vive así una fe que se expresa en la calle, en la liturgia y en los gestos sencillos. Una devoción que, generación tras generación, mantiene viva la identidad mariana del sur tucumano.
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