05/02/2026 – Con el objetivo de profundizar en la vida y el contexto histórico del beato Fray Mamerto Esquiú, dialogamos con Marcelo Gershani Oviedo, magíster en Historia, investigador y docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca. Desde su especialidad, centrada en el estudio de la familia, los vínculos sociales y las pertenencias, Gershani propuso una mirada situada sobre la biografía de Esquiú, entendiendo que “muchas veces cuando se descontextualiza del terreno histórico y tendemos a caer en errores de interpretación”.
Fray Mamerto Esquiú nació el 11 de mayo de 1826, en un tiempo marcado por los conflictos posteriores a la Revolución de Mayo y el proceso de organización nacional. Su padre, Santiago Esquiú, era catalán, nacido en Monzón, y había llegado al Río de la Plata en 1811 como parte de las tropas enviadas desde España. Tras ser prisionero en el contexto de las guerras, se radicó en las sierras de Catamarca, en el actual departamento Ancasti, donde inició su proceso de integración social a través del matrimonio.
Luego de enviudar tempranamente, Santiago Esquiú contrajo matrimonio con María de las Nieves de Medina, perteneciente a una familia tradicional de la región. De esa unión nacieron seis hijos, entre ellos Mamerto y Odorico. La muerte prematura de la madre, cuando Fray Mamerto tenía apenas diez años, marcó profundamente la vida familiar. Desde entonces, la crianza quedó en manos de la abuela materna y de la tía Francisca, figuras centrales en su formación afectiva y espiritual.
Uno de los aspectos más singulares de su infancia fue el uso temprano del hábito franciscano, fruto de una promesa realizada por su madre ante los problemas de salud que tuvo al nacer. Como explicó Gershani, “la promesa se vincula con San Francisco de Asís porque la orden franciscana tenía una presencia muy fuerte en Catamarca”. No se trataba de un hecho aislado, ya que era común en la época que los niños vistieran el hábito por promesas vinculadas a la salud.
Fray Mamerto recibió sus primeras letras en Piedra Blanca y luego fue enviado a la ciudad de Catamarca para formarse en la prestigiosa escuela franciscana. Allí desarrolló una sólida formación intelectual que, sin estudios universitarios formales, lo convertiría en un orador excepcional. Su figura alcanzó proyección nacional con el Sermón de la Constitución de 1853, donde, según Gershani, expresó una idea clave: “La Iglesia no puede oponerse al progreso de los pueblos”.
La vida de Fray Mamerto Esquiú, atravesada por vínculos familiares intensos, una profunda fe y un fuerte compromiso con su tiempo histórico, sigue ofreciendo claves esenciales para comprender la construcción de la identidad nacional argentina.
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