10/02/2026 – El magíster en Historia Marcelo Gershani Oviedo, investigador y docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Catamarca, analizó la figura de Fray Mamerto Esquiú desde dos dimensiones clave de su trayectoria: su profunda devoción mariana, especialmente a la Virgen del Valle, y su activa participación en la vida política de mediados del siglo XIX, en un contexto marcado por fuertes tensiones entre la Iglesia y el Estado.
Marcelo explicó que la religiosidad de Esquiú no puede entenderse sin situarla en su tiempo histórico. A mediados del siglo XIX, la devoción a la Virgen del Valle estaba íntimamente ligada al dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado oficialmente en 1854, pero presente en Catamarca desde hacía siglos. En sus sermones, Esquiú asumió un rol claramente pedagógico. “La Virgen del Valle es Inmaculada Concepción”, remarcaba, y buscaba dejar en claro que la veneración no surgía de una aparición sobrenatural aislada, sino de una tradición teológica y cultural ampliamente difundida en América Hispánica, en un contexto de devoción impulsada históricamente por la orden franciscana.
Esa misma claridad se manifestó en su compromiso con la vida pública. Lejos de recluirse en el ámbito estrictamente religioso, Esquiú participó activamente en la política de su tiempo. Fue diputado provincial y miembro del Consejo de Gobierno de Catamarca, cargos que asumió a partir de la notoriedad alcanzada tras pronunciar el célebre Sermón de la Constitución. Marcelo Gershani señaló que su presencia en esos espacios lo colocó “de igual a igual” con otras figuras políticas, aunque el propio Esquiú vivió esas responsabilidades con incomodidad y presentó reiteradas renuncias.
Ya como obispo de Córdoba, debió ejercer su ministerio en un escenario especialmente complejo: el avance del Estado nacional sobre ámbitos tradicionalmente controlados por la Iglesia, como la educación, el matrimonio civil y el registro de las personas. En ese marco, Esquiú se consolidó como un interlocutor respetado. “No se trataba solamente de enfrentamiento y de choque, sino también de dialogar”, explicó Marcelo, al referirse a la capacidad del fraile para propiciar acuerdos sin resignar los principios que defendía.
La figura de Fray Mamerto Esquiú emerge así como la de un religioso profundamente comprometido con su fe y, al mismo tiempo, plenamente involucrado en los debates políticos y sociales de su época. Una figura que ayuda a explicar la vigencia de su legado en la historia argentina.
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