27/02/2026 – En nuestro ciclo “Rincones de la Argentina: historias y paisajes para conocer”, viajamos a la Estancia Jesuítica La Candelaria, en la provincia de Córdoba. Para conocer más sobre este lugar, su historia y cómo se celebra cada 2 de febrero la devoción a la Virgen de la Candelaria, dialogamos con Fernando Blanco, director de Patrimonio Cultural de la Agencia Córdoba Cultura.
Ubicada en el noroeste provincial, en el departamento Cruz del Eje, la estancia se encuentra a unos 130 kilómetros de la ciudad capital. Se puede acceder atravesando Carlos Paz y Tanti, o bien recorriendo todo el Valle de Punilla. En ambos casos, el camino forma parte de la experiencia. “Es un camino maravilloso”, destacó Blanco, y explicó que antes de llegar “uno ya se encuentra con un territorio rural” y atraviesa ríos serranos de aguas transparentes que predisponen a vivir la visita como algo especial.
Un legado jesuítico con reconocimiento mundial
Las tierras pertenecieron originalmente al capitán García Vera y Mujica y fueron cedidas en 1673 a la Compañía de Jesús como parte del sistema productivo que sostenía la misión evangelizadora. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, la propiedad pasó a manos de distintas familias criollas.
En 1941 fue declarada Monumento Histórico Nacional y, en el año 2000, integrada al sistema de las Estancias Jesuíticas reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, junto a Estancia Jesuítica de Jesús María, Estancia Jesuítica de Caroya, Estancia Jesuítica de Alta Gracia y la Manzana Jesuítica de Córdoba.
Según remarcó Blanco, este reconocimiento “sirvió para instalar en la provincia de Córdoba todo el concepto vinculado a lo que es el patrimonio cultural”, no solo el jesuítico, sino también la memoria de los pueblos originarios y de las personas esclavizadas que trabajaron en el lugar.
Qué puede visitar el viajero
El predio abarca seis hectáreas donde conviven distintas etapas históricas. Allí se puede recorrer la iglesia —de arquitectura sobria y austera—, el claustro y los antiguos “cuartos de los padres”. A unos 50 metros se encuentran “los ranchos”, explicó Blanco, “que es el lugar donde estaban los esclavizados que trabajaban para la orden”. También se conserva el casco de estancia criolla, incorporado en épocas posteriores.
Las visitas son guiadas por personal especializado, en su mayoría habitantes de la zona. “Es muy interesante escuchar la vivencia de ellos”, señaló, destacando que muchos guías aportan la mirada gauchesca e histórica que enriquece la experiencia.
Además, aseguró que el lugar deja huella en quienes lo recorren: “Acá en el área nadie va una sola vez”, afirmó.
La fiesta de la Virgen de la Candelaria
Cada 2 de febrero se celebra la festividad en honor a la Virgen de la Candelaria, una de las expresiones más significativas del lugar. Se trata de una celebración religiosa con fuerte impronta gaucha que reúne entre 800 y 1000 personas, incluidos cerca de 200 gauchos de distintas agrupaciones de la región que rinden homenaje a caballo.
Blanco, que participa desde hace 25 años, contó que la fiesta fue transformándose con el tiempo y que hoy existe “un fuerte liderazgo de la agrupación gaucha de la Candelaria” en la organización. También destacó un dato alentador: “Es el año que más nos sorprendió la cantidad de jóvenes que había”, afirmó, subrayando la participación tanto de fieles como de nuevos integrantes de las agrupaciones tradicionales.
La jornada incluye misa, procesión y un recorrido de aproximadamente dos kilómetros, además de puestos de comidas criollas y encuentros musicales espontáneos. “Hay una sinergia muy linda”, expresó Blanco al describir el clima de fe y tradición que se vive durante toda la celebración.
Más allá de la fecha central, La Candelaria puede visitarse durante todo el año. Paisaje serrano, historia colonial y devoción popular se conjugan en este rincón cordobés que invita a descubrir y redescubrir una parte esencial del patrimonio argentino.