06/03/2026 – En la ciudad de Rosario, un grupo de voluntarios decidió organizarse para dar respuesta a una realidad que golpea especialmente a niños y adolescentes de los barrios más vulnerables. Así nació la Liga Comunitaria de Fútbol, una iniciativa social que utiliza el deporte como herramienta para promover la inclusión, el encuentro y la construcción de valores.
Ariel Malvestiti, coordinador del proyecto, explicó que la idea surgió al observar la falta de espacios de contención para muchos chicos. “Vimos que los adolescentes y los niños, a partir de los 12 años fundamentalmente, se estaban quedando sin espacios de contención”, señaló. Ante esa situación, distintas organizaciones y comunidades parroquiales decidieron unirse para impulsar una propuesta que reuniera a las escuelitas de fútbol que ya existían en los barrios.
El objetivo fue claro desde el inicio: generar un espacio donde el deporte permita encontrarse con otros y descubrir nuevas realidades. “Los barrios de Rosario muchas veces están asociados a tal o cual banda. Nosotros decimos: si el mal está organizado, tenemos que organizar el bien”, expresó Ariel.
El proyecto comenzó de manera sencilla, con apenas 30 o 40 chicos. Hoy la Liga reúne a alrededor de 180 participantes y cuenta con nueve escuelitas distribuidas en distintos barrios de la ciudad. Cada una mantiene su identidad y su modo de trabajo, pero todas comparten valores comunes y se encuentran una vez al mes para una jornada de juegos, convivencia y actividades comunitarias.
Durante esos encuentros, que reúnen a más de 200 personas entre chicos, voluntarios y familias, el fútbol es el punto de partida para algo más profundo. Se comparte un momento de oración, se bendicen los alimentos y luego se desarrollan partidos y actividades recreativas. El espíritu del proyecto es que todos tengan lugar. “La idea fue que jueguen todos, que en las categorías más chicas sea mixto y que la solidaridad sea superior a la competencia”, explicó el coordinador.
El proyecto incluso llegó hasta el Vaticano. A comienzos de año, Ariel viajó a Roma para participar de un encuentro internacional de jóvenes vinculados a iniciativas sociales y tuvo la oportunidad de saludar al papa León XIV en una audiencia privada. En ese momento le obsequió una gorra con el nombre de la Liga Comunitaria de Fútbol, un gesto sencillo que simboliza el trabajo que realizan en los barrios de Rosario y el compromiso de tantos voluntarios con los más pequeños.
Con el tiempo, los organizadores fueron descubriendo que el impacto de la Liga iba más allá del deporte. Muchos chicos esperan con entusiasmo cada encuentro y comienzan a incorporar hábitos positivos que también influyen en su vida cotidiana.
En un contexto social marcado por la violencia, el consumo y la falta de oportunidades, la Liga Comunitaria se ha convertido en un espacio de esperanza. Allí, el fútbol no es solo un juego: es una oportunidad para aprender, compartir y descubrir que otro camino también es posible.
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