Desde Villa Ocampo, en el noreste de la provincia de Santa Fe, compartimos un nuevo encuentro de las «Reflexiones de la Semana» junto al padre Federico Muchiut, vicario parroquial de la parroquia Inmaculada Concepción.
Luego de recorrer en encuentros anteriores los sentidos de la vista y del oído, la propuesta de esta semana se centró en el tacto. El disparador fue la canción Niño, del joven artista Milo J, cuya letra —cruda y profundamente humana— sirvió para abrir la reflexión. A partir de sus versos, el padre Federico subrayó cómo la experiencia de sentir trasciende lo físico: “La vida se nos mete por la piel y nos llega hasta el corazón”, afirmó.
Lejos de entender el tacto como un gesto aislado, el padre lo presentó como un puente hacia el otro. Explicó que este sentido, para ser auténtico, debe estar precedido por una mirada atenta y una escucha sincera. De lo contrario, advirtió, puede volverse invasivo o incluso violento. El tacto, en cambio, cuando nace de la empatía, despierta, humaniza y compromete.
Durante la reflexión, el padre Federico retomó enseñanzas del Papa Francisco, destacando tres rasgos esenciales de Dios: cercanía, misericordia y ternura. Tres dimensiones que remiten directamente al contacto humano. En esa línea, invitó a revisar el lenguaje de las manos: manos que pueden cerrarse en puño o abrirse en caricia, brazos que pueden cruzarse o disponerse al abrazo.
El mensaje adquirió especial fuerza al referirse a la vida cotidiana. Una caricia, recordó, puede sostener vínculos, aliviar heridas silenciosas o incluso salvar un matrimonio. Un abrazo oportuno puede transformar la experiencia de un niño o un adolescente. “Recuperemos la piel”, insistió, como llamado a salir del aislamiento emocional que caracteriza a una época saturada de estímulos pero muchas veces empobrecida en sensibilidad.
Como gesto concreto, el padre propuso una práctica sencilla y profunda: involucrarse con la realidad del otro. Visitar a un enfermo, acercarse a quien sufre, dejarse tocar por la vida. Porque, como concluyó en su mensaje, es allí —en el contacto que consuela y acompaña— donde también se produce la sanación del corazón.
Para escuchar la reflexión completa accedé al video del inicio