23/02/2026- El padre Federico Muchiut, vicario parroquial de la Parroquia Inmaculada Concepción de Villa Ocampo, compartió una última reflexión del ciclo semanal en “Estamos en red”, proponiendo continuar el camino iniciado a comienzos de mes sobre los sentidos como puertas de encuentro con Dios y con los demás.
Si primero fueron la escucha y la mirada -que nos ponen en contacto con la realidad-, ahora el desafío es profundizar en el gusto y el olfato. Estos sentidos no solo perciben lo que está fuera, sino que permiten que la realidad entre en nosotros. Lo que vemos y oímos, lo que tocamos, termina por hacerse parte de nuestro interior cuando lo “gustamos”.
En este marco, retomó una propuesta del Papa Francisco en su Exhortación apostólica Evangelii Gaudium: ser “evangelizadores con espíritu”. Y una de las claves que señala el Papa es desarrollar el “gusto espiritual” de ser parte de un pueblo.
Para iluminar esta idea, el padre Federico citó la canción “Todos somos pueblo” de Soledad Pastorutti, que celebra la identidad, la cultura y la unidad del pueblo argentino. Su estribillo -“Todos somos pueblo, nada nos separa”- puede leerse como una expresión poética de lo que hoy llamamos Iglesia sinodal: caminar juntos, con un mismo sueño.
Pero no se trata de un romanticismo superficial. “La receta hoy te la vamos a enseñar”, dice la canción. Y las recetas se degustan. No hablamos del alimento que llena el estómago, sino del que alimenta el alma: el gusto de pertenecer, de reconocerse parte de algo más grande que uno mismo.
Encontrarle el gusto a la familia, a la comunidad, al barrio, al pueblo concreto donde vivimos. Ese pueblo con su historia, su cultura, su manera de hablar y de ser. Allí vivieron Jesús y María. Incluso Jesús pasó treinta años en un pequeño pueblo, realizando allí su misión.
Frente a la tentación del aislamiento, del anonimato y del elitismo, el sacerdote invitó a redescubrir la riqueza de lo cotidiano: saludar, reconocerse, no tener miedo del otro. Un pueblo vive porque tiene memoria; cuando la pierde, se empobrece.
También habló de la diferencia entre inteligencia y sabiduría. La sabiduría -que comparte raíz con “sabor”- es encontrarle el gusto a la vida y aprender a caminar con otros. Y sumó el sentido del olfato: el pueblo tiene “olfato” para reconocer los caminos cuando se deja guiar por el Espíritu.
En este tiempo de Cuaresma, la invitación es afinar los sentidos, desintoxicarnos de lo que anestesia el corazón y redescubrir, a través de lo concreto y cotidiano, la presencia de Dios en la realidad.