Vivir la misión como comunidad: una experiencia que crece en San Juan

viernes, 20 de febrero de 2026

19/02/2026 – Desde la diócesis de San Juan, la misión se vive con entusiasmo renovado. Así lo expresaron Pablo Merino, coordinador de la Pontificia Unión Misional (PUM), y el joven misionero Michel Fredes, quienes compartieron detalles del camino que están transitando y de la preparación para el próximo Encuentro Nacional de Grupos Misioneros que se realizará en mayo en Córdoba.

Una Iglesia en salida, “acá, allá y más allá”

La PUM es una de las ramas de las Obras Misionales Pontificias y en San Juan está dando sus primeros pasos, con un fuerte acento en la formación y la comunicación. “Queremos ir un pasito más allá en la propagación de la fe mediante la misión”, explicó Pablo Merino. El trabajo incluye la articulación con grupos misioneros, el arzobispado y también una presencia activa en redes sociales, especialmente a través de OMP San Juan en Instagram.

El Encuentro Nacional genera enorme expectativa: desde la provincia viajarán 113 jóvenes y cinco familias. La preparación no es solo logística, sino también espiritual y formativa.

El lema del encuentro, “Acá, allá y más allá”, resume el espíritu que anima a los misioneros: salir de la comodidad, ir a las periferias y renovar el mandato de anunciar el Evangelio: “Estos encuentros nos transforman el corazón y nos impulsan a abrirnos más al otro”, señaló Merino.

Comunidad, compromiso y juventud

Michel Fredes, de 20 años, forma parte de la comunidad misionera Santa Teresa de Calcuta, de la parroquia Nuestra Señora del Valle. Con 22 años de historia en la provincia, esta comunidad se distingue por asumir la misión como estilo de vida. “No somos solo un grupo, somos familia”, explicó.

A diferencia de un grupo misionero, la comunidad implica un compromiso más profundo y estable. Tras un tiempo de formación, los miembros asumen primero el compromiso del Rosario misionero y luego el compromiso definitivo, expresado en la cruz de la esperanza: una decisión personal de dedicar la vida a la misión.

La comunidad organiza su año entre formación, espiritualidad, vida fraterna y salidas misioneras. Cada verano realizan una misión de siete días en zonas alejadas, además de sostener un apostolado de tres años en distintas localidades. También participan de la Misión Arquidiocesana de Jóvenes, que en 2025 reunió a más de 240 chicos.

Para los jóvenes que dudan en dar el paso, Michel es claro: “La juventud para Cristo es lo mejor que puede haber. El estudio y el trabajo también pueden ser lugares de misión”.

En San Juan, la invitación está abierta: acercarse a la parroquia más cercana o contactarse por redes puede ser el comienzo de un camino que, como dice el lema, siempre va un poco más allá.