“La guerra es la muerte organizada y deja marcas eternas”, afirmó el ex combatiente Antonio Reda

sábado, 23 de abril de 2022
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23/04/2022 – Antonio Reda, ex combatiente de Malvinas y presidente de la Casa de Ex Combatientes de Malvinas en la ciudad de La Plata, no es católico practicante pero si su experiencia en la guerra lo marcó y siempre agradece a Dios por lo vivido. A los 19 años, Antonio fue protagonista del conflicto bélico en Malvinas y durante años buscó sanar sus heridas y las de sus compañeros a través de visitas a escuelas y charlas con estudiantes con la idea de que los más jóvenes no pierdan las imágenes de quienes lucharon, y lo sigue haciendo. Bajo el lema “transformar la guerra en paz” Reda planificó, junto a 17 estudiantes de sexto año y docentes del Colegio Nuestra Señora de la Merced de Ensenada, un viaje a las Islas Malvinas, que finalmente se logró hacer. Fueron acompañados por tres ex combatientes y un grupo de docentes.

La guerra es la muerte organizada y deja marcas eternas, tratamos que no se repita. La vida humana es el valor máximo y la guerra deja mucho daño, no solo para los que perdieron la vida sino también en el alma, en el espíritu, de quienes sobrevivieron. Y en mi caso, soy un afortunado porque Dios me protegió en la guerra. Lo siento así”, agregó.

“Yo les transmito la parte humana y el sentimiento por las islas. Muchos de mis compañeros hacen lo mismo, transforman el dolor en acción positiva y dan clases que dejan a los chicos impactados, siempre con la verdad. No tenemos reparo en decir que a veces temblábamos de miedo”, relató Tony.

Y para comprender mejor lo que vivió, compartimos la carta que escribió cuando era uno de los soldados argentinos en Malvinas:

“Islas Malvinas,

24 de mayo de 1982

Querida familia:

Antes que nada quiero decirles que estoy bien y espero que también lo estén ustedes. Sepan disculparme por la demora en escribir, porque nosotros no sabíamos que se podían mandar cartas a pesar del bloqueo. Mandé telegramas y espero que los hayan recibido.

Les cuento que todos los días hay un grupo de soldados que tiene un descanso de 24 horas, come y duerme en el hospital del pueblo, se mira televisión y hasta nos lavamos y afeitamos.

Hoy me tocó venir a mí y estoy disfrutando de este descanso por segunda vez.

Voy a pedirles un favor, el más grande de todos, quédense tranquilos y confiados, porque así también lo estoy yo.

Cuando vuelva, pienso que me van a notar cambiado en dos cosas fundamentalmente: la primera es que creo que soy un poco más católico ya que noté que cuando uno se encuentra impotente ante las ridiculeces de la humanidad no deja de pedir y de rogarle a alguien superior a todos nosotros para que nos dé fuerza y esperanza, aunque la razón sea justa.

Y ahora dejando de filosofar, les cuento el otro aspecto en que he cambiado: soy una bestia, morfo cualquier cosa, porotos, garbanzos, cebolla y todo lo que esté a mi alcance, y lo más raro es que cada vez me gustan más.

Graciela, te voy a aclarar eso de la turba y las raíces, eso no se come, sino que lo utilizamos para hacer fuego porque aquí no hay árboles ni leña en ningún lado. Otra cosa, espero que sigas abocada a tus tareas siendo una mujer trabajadora y responsable como me decís en la carta. Saludos a Mario y a la madre. Deciles a papi y a mami que se queden tranquilos que pronto se arreglará todo.

Les digo que todavía no recibí la encomienda que me dice Mary en la carta que me mandó el 3 de mayo, pero según mis cálculos tiene que llegar en estos días.

Mandale saludos a Mary, igual junto con esta va una carta para ella.

Cariños para toda la familia, para Marcelo y para todos.

Para la familia Aimetta: hermana, la más bella y hacendosa (según sus propias palabras), espero que te encuentres bien al igual que Miguel, doña Amalia y por supuesto Javier que me imagino lo grande que debe estar y la habilidad que tiene con el dibujo me la demostró en la carta que me mandaste.

Con respecto a lo que vos decís, es cierto que duermo 12 horas por día, pero qué querés que haga si oscurece a las 18 y amanece a las 8 de la mañana y por las noches hay casi siempre niebla y viento que no te dejan ver a un metro de dónde estás. Como podés imaginar, acá el clima es un desastre, a veces hay sol, a los dos minutos llueve, por ahí se despeja y se calma todo y siempre así. Las tormentas son de lluvia y viento, pero sin relámpagos ni truenos. El terreno esmuyblando y brota agua por todos lados, se forman charcos de los cuales tomamos el agua, que es lo que nos sobra.

Te cuento que cuando vinimos al pueblo y me puse frente al espejo dije: ‘Soy feo pero atractivo’. Te podés imaginar un mes sin lavarme ni afeitarme me daba un aspecto de soldado impresionante.

Decile a Miguel que cuide los dos autos, que les cambie el aceite y espero que no tenga grandes problemas mecánicos.

Cambiando de tema te digo que la guerra como, vos te imaginás, no sirve para nada, lo único que te hace ver es que las pequeñas cosas de la vida, pero las más pequeñas son las que hacen hermosa la vida así que disfrútenla sin amargarse porque pronto lo haremos todos juntos, ah… Una de esas pequeñas cosas (espero que no sea tan pequeña) es la torta de chocolate que me debés para mi cumpleaños.

Te cuento que tomo agua de charco, pero fumo cigarros Rothmans (made in London), ¿qué me contás…?

Sabés, cada vez que miro el agua de un río que desemboca en el mar (los hay por todos lados) me dan ganas de tener una caña de pescar y estar con Miguel, Marcelo y Daniel disfrutando de un día de pesca.

Me imagino la preocupación de doña Amalia, decile que estoy bien y que no sufra porque a ella no le hace nada bien. Te aviso que no te escribo a tu casa porque no recuerdo el número (siempre me pasa lo mismo). Un beso grande para Javier, que cuando vuelva no lo voy a conocer de cambiado que va a estar.

Me despido con un beso y cariños para todos

Chau hasta pronto

Tony”