Aprender a decir “Padre”: una reflexión sobre el Padre Nuestro en el camino de Cuaresma

miércoles, 11 de marzo de 2026

11/03/2026 – En el camino de la Cuaresma, tiempo privilegiado para la conversión y el encuentro con Dios, la oración ocupa un lugar central en la vida cristiana. Así lo recordó Sor Ana María Albarracín, de las Monjas Contemplativas de la Orden de Predicadores, en una reflexión dedicada a profundizar en el sentido de la oración enseñada por Jesús, invitando a redescubrir el Padre Nuestro como una escuela de confianza filial y de fraternidad.

Sor Ana María explicó que la forma de orar de Jesús nace de su propia experiencia familiar y de la tradición del pueblo judío. Desde niño aprendió a rezar junto a María y José, quienes lo introdujeron en una vida marcada por la escucha de la Palabra de Dios y la oración cotidiana. En ese contexto, señaló que “Jesús es un judío que ora como todos los judíos todo el día”, recordando que la espiritualidad de su pueblo convertía cada momento de la jornada en una ocasión de encuentro con Dios.

Sin embargo, los discípulos descubrieron en Jesús algo nuevo. Aunque utilizaba las oraciones tradicionales, su manera de dirigirse al Padre revelaba una intimidad profunda. Los evangelios narran que, después de largas jornadas de predicación y servicio, Jesús buscaba momentos de soledad para orar, incluso durante la noche. Ante ese testimonio, los apóstoles le pidieron que les enseñara a orar.

La clave de esta enseñanza se encuentra en la relación filial con Dios. Jesús invita a dirigirse a Dios como Padre, con la confianza de un hijo pequeño. Según explicó Sor Ana María, “Jesús le muestra cómo se ora desde el corazón de un hijo”, revelando una cercanía que para muchos judíos resultaba sorprendente, ya que estaban acostumbrados a ver a Dios como el Altísimo, grande e inaccesible.

Esta nueva forma de oración se expresa de manera particular en el Padre Nuestro. La religiosa explicó que esta oración contiene dos grandes partes. En la primera se elevan peticiones relacionadas con el Padre: la santificación de su nombre, la llegada de su Reino y el cumplimiento de su voluntad. En la segunda parte, las peticiones se orientan a las necesidades humanas: el pan cotidiano, el perdón y la protección frente al mal.

En este sentido, subrayó que cuando pedimos el pan no solo se trata del alimento material, sino también de los dones espirituales que Dios quiere regalar. “Cuando nosotros pedimos el pan de cada día, pedimos para nosotros el pan de Dios”, afirmó, recordando que allí se incluyen la Eucaristía, la Palabra, el Espíritu Santo y todos los bienes necesarios para vivir con dignidad.

Finalmente, Sor Ana María invitó a mirar a la Virgen como maestra de oración. Ella, que acompañó a Jesús desde su infancia y aprendió a vivir en total confianza en Dios, también guía hoy a los creyentes para aprender a rezar con sencillez y abandono filial. Así, en el corazón del camino cuaresmal, la oración se convierte en una oportunidad para redescubrir a Dios como Padre y para vivir con mayor fraternidad entre todos.

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