23/03/2026 – En el marco de la quinta semana de Cuaresma, Sor Ana María Albarracín, de las Monjas Contemplativas de la Orden de Predicadores, compartió una profunda reflexión centrada en la figura de María como Madre de la Iglesia y en el discípulo amado, tomando como guía los textos del Evangelio de San Juan. La meditación invitó a contemplar el camino de fe de la Virgen y su papel esencial en la historia de la salvación, especialmente en este tiempo litúrgico que nos acerca a la Pascua.
Sor Ana María explicó que María acompaña todo el proceso de la obra redentora de Jesús y que su presencia no es secundaria, sino fundamental. En ese sentido afirmó: “María es un eslabón esencial, indispensable en el camino de nuestra salvación y por eso vamos a mirarlo hoy día como Madre de la Iglesia.” Desde Nazaret hasta el Calvario, la Virgen va comprendiendo cada vez más profundamente el misterio de la misión de su Hijo, renovando continuamente su sí y ensanchando el corazón para recibir a todos como hijos.
Al detenerse en el Evangelio de San Juan, Sor Ana María destacó que el evangelista presenta a María en dos momentos clave: las bodas de Caná y el Calvario. En Caná, la Virgen aparece como intercesora y como figura que representa al pueblo de la antigua alianza, abriendo el camino hacia la nueva. Allí pronuncia una frase que sigue siendo guía para todos los creyentes: “Hagan lo que él les diga.” Según explicó, esta invitación resume la actitud que debe tener la Iglesia entera: escuchar a Cristo y obedecer su palabra para alcanzar la plenitud de la salvación.
El segundo momento decisivo es la escena al pie de la cruz, donde Jesús confía su Madre al discípulo amado y, en él, a todos los discípulos. Este gesto, señaló, marca el nacimiento de una relación nueva que da origen a la Iglesia. “Jesús desde lo alto de la cruz los mira y le dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’, y al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’; aquí se inicia la Iglesia en esta relación materna filial.” El discípulo amado, que no tiene nombre, representa a cada cristiano llamado a recibir a María como madre y a vivir con ella una relación filial.
La reflexión concluyó recordando que María acompaña también a la Iglesia naciente en Pentecostés y continúa hoy sosteniendo a los creyentes. Por eso, Sor Ana María invitó a confiar en su intercesión y a pedir con fe por el mundo, especialmente por la paz, seguros de que la Madre sigue caminando junto a sus hijos.
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