15/05/2026 – En el marco de un nuevo encuentro dedicado a la presencia de María en la vida de los santos, fray Ronen Espósito, hermano de la Orden de Frailes Menores, profundizó en la devoción mariana del beato Fray Mamerto Esquiú, a pocos días de la celebración del Bicentenario de su nacimiento.
Fray Ronen destacó cómo la Virgen ocupó un lugar central en la espiritualidad de Mamerto Esquiú, en su predicación y también en su tarea pastoral. “Como buen franciscano tenía un vínculo muy especial con la Virgen María, en particular con la devoción de la Inmaculada Concepción”. En ese sentido, explicó que el beato vivió en un tiempo marcado por acontecimientos claves para la fe mariana, como la proclamación del dogma de la Inmaculada y las apariciones de Lourdes, hechos que influyeron profundamente en su manera de comprender y anunciar a María.
El hermano Ronen señaló que en 1858, durante una prédica en la Iglesia Matriz de Catamarca, Esquiú relacionó el mensaje de Lourdes con la realidad de los pobres y con la construcción del nuevo santuario. “También en tiempo de pobreza se nos invita a clamar a Dios por intercesión de la Madre”, expresó al recordar aquellas palabras del beato.
En ese marco, destacó además la profunda cercanía espiritual que Esquiú cultivó con la Virgen a través del rezo cotidiano del Rosario y de su predicación. Particularmente recordó las meditaciones que realizó durante la novena de la Virgen del Valle en 1875, donde desarrolló una verdadera catequesis mariana basada en textos bíblicos. Allí enseñaba que así como una Madre acaricia y protege a sus hijos, Dios cuida a su pueblo a través de María.
Otro signo concreto de esa devoción fue la llegada, por pedido de Esquiú, de una imagen de Nuestra Señora de Lourdes desde Francia para el santuario catamarqueño. Esa imagen aún hoy puede verse en la fachada de la catedral.
Hacia el final de la conversación, Fray Ronen compartió una anécdota pastoral ocurrida en Bell Ville (Córdoba) durante la misión episcopal de Esquiú. Allí, el Obispo ayudó a reconciliar a un matrimonio en crisis regalándoles un Rosario compartido. “Ustedes dos son una sola persona que Dios unió. Si no pueden vivir juntos, rompan el Rosario en dos partes”, recordó el fraile citando al beato. Con emoción, relató que la pareja nunca rompió el rosario y que, años después, seguían rezándolo juntos y viviendo en paz.
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