28/05/2026 – La celebración de Pentecostés marcó el cierre de un ciclo de encuentros dedicados a contemplar y redescubrir la figura de María durante el tiempo pascual. Desde la Diócesis de Río Gallegos, en la fiesta de María, Madre de la Iglesia, la hermana Mónica Cordero compartió una profunda reflexión sobre la presencia de la Virgen en distintos momentos de la vida y la historia.
En el inicio, la hermana invitó a detenerse especialmente en la escena de Pentecostés y mirar quiénes estaban presentes cuando se cumple la promesa del Espíritu Santo. Allí aparece nuevamente María junto a los discípulos. “La Virgen tiene un tema con el verbo estar”, expresó, resaltando que la madre de Jesús es la que permanece, acompaña y sostiene en los momentos decisivos de la vida de la Iglesia.
La hermana Mónica profundizó en ese “estar” de María como una presencia activa y maternal. Explicó que, así como acompañó la vida de Jesús, continúa acompañando hoy a sus discípulos. Recordó también la imagen de María Auxiliadora con su gran manto protector, signo de acogida y cercanía para todos los hijos de Dios. “Hay un espacio en donde en María todos tenemos lugar bajo ese manto que cobija, que protege, que consuela”, afirmó.
Durante el encuentro, también repasó cómo la Iglesia fue reconociendo a María como Madre de la Iglesia, especialmente a partir del Concilio Vaticano II y luego con la decisión del Papa Francisco de establecer esta memoria para toda la Iglesia el día después de Pentecostés.
En el tramo final, la hermana vinculó la presencia de María con la historia argentina, recordando las advocaciones de Itatí, la Virgen del Valle y Luján, presentes mucho antes de la Revolución de Mayo. En ese marco, recordó que las distintas advocaciones marianas fueron surgiendo en diversos puntos del territorio como signos de consuelo y cercanía para las comunidades. “La Virgen ya venía haciendo camino con nosotros más de 200 años antes”, expresó, acompañando la vida de criollos y pueblos originarios, fortaleciendo la fe en medio de contextos difíciles y dejando huellas profundas en la identidad espiritual del país. Por eso, animó a acercarse a la Virgen con confianza y gratitud, pidiendo especialmente por la patria y por el camino de la Iglesia en este tiempo.
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