17/03/2026 – En un nuevo espacio de reflexión espiritual junto a las Monjas Contemplativas de la Orden de Predicadores, Sor Ana María Albarracín compartió una profunda meditación sobre la Virgen María como la elegida de Dios, madre de todos los cristianos y modelo de oración. En el marco del camino de conversión hacia el amor, que recorremos en cada Cuaresma, invitó a contemplar la figura de María como la criatura que mejor respondió al amor divino y como guía segura para la vida de fe.
Al iniciar su reflexión, explicó que el amor único de María nace del amor primero de Dios hacia ella. “Hoy en este camino que estamos haciendo de conversión hacia el amor, vamos a mirar a la persona que más amó en el mundo, a la que mejor amó, a la Virgen María”, expresó, destacando que la pureza de la Madre de Jesús le permitió vivir una entrega total y fiel. Según señaló, María fue preparada de manera singular por Dios, preservada del pecado original y sostenida por una respuesta constante de fidelidad, lo que la convierte en ejemplo para todos los creyentes.
Sor Ana María también subrayó que la Virgen vivía profundamente unida a la Palabra de Dios, lo que le permitía comprender el mundo desde el corazón del Padre. Desde esa mirada, intercedía por la humanidad y esperaba la llegada del Mesías con una oración confiada. Ese camino culmina en la Anunciación, cuando María acepta plenamente la voluntad divina. “Ella no pone ninguna traba, no elige ningún camino, ningún modo, ninguna condición: que se haga en mí tu voluntad”, afirmó, señalando que ese sí cambió la historia y abrió el camino para la encarnación del Hijo de Dios.
Además, invitó a los fieles a imitar esa actitud de escucha y disponibilidad, recordando que incluso los pequeños actos de obediencia a Dios transforman la realidad. También destacó el papel de María como intercesora y madre atenta, presente en momentos decisivos del Evangelio, como en las bodas de Caná o al pie de la cruz, donde su corazón se ensancha para acoger a toda la humanidad.
Finalmente, al referirse al rezo del Rosario, explicó que esta oración permite contemplar la vida de Cristo con la misma mirada de María. “Cuando nosotros rezamos el rosario, participamos de la vida misma de Jesús con María, como lo hacía María”, señaló, invitando a vivir cada misterio con fe, sabiendo que la gracia de Dios actúa hoy con la misma fuerza que en el Evangelio. De este modo, concluyó, el creyente aprende a confiar, a orar y a amar siguiendo el ejemplo de la Madre del Señor.
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