18/03/2026 – La ciudad de Santa Fe se prepara para vivir una de sus celebraciones más queridas: la fiesta y peregrinación a la Virgen de Guadalupe, que este año tendrá lugar el 18 y 19 de abril y alcanzará su edición número 127. En el Santuario y Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, uno de los lugares más emblemáticos de la capital santafesina, el párroco Marcelo Blanche y la servidora Ester Rizzi compartieron la historia y el profundo sentido espiritual de esta devoción que convoca cada año a miles de peregrinos.
Ester explicó que el origen de la devoción se remonta a un hecho sencillo, nacido del amor del padre mercedario Miguel Sánchez por la Virgen. La imagen llegó a la zona cuando el sacerdote encontró una estampa y decidió llevarla a un pequeño oratorio cercano a la laguna Setúbal para que el pueblo pudiera rezarle. «El padre Miguel Sánchez sale del convento y quiere buscar un cuadrito, algo para poner la imagen. Y allí se encuentra con una señora que estaba vendiendo distintos objetos». De su mano consigue un relicario tallado en madera, pintado en dorado, del mismo tamaño que necesitaba para la imagen de María. Corría entonces el año 1747.
Con el paso del tiempo, la cantidad de fieles creció y el lugar quedó pequeño. Un ermitaño franciscano, Francisco Javier de la Rosa, impulsó la construcción de una capilla en 1779, dando inicio a una tradición que no dejaría de crecer. El nuevo espacio de oración también fue posible gracias al compromiso y esfuerzo del pueblo, que humildemente contribuyó con donaciones y materiales para la «nueva casa de María».
A comienzos del siglo XX, el entonces obispo Mons. Juan Boneo promovió la construcción de la actual basílica, que se levantó en el mismo sitio donde estuvo la capilla original. Para la comunidad, este crecimiento refleja la fuerza de la fe popular. “Siempre decimos que primero fuimos santuario, después parroquia y después basílica. El título de santuario nos lo regaló el pueblo, por la cantidad de peregrinos que vienen a hablar con la Virgen”, señaló Ester.
El padre Marcelo explicó también por qué la fiesta principal no se celebra el 12 de diciembre, como en México, sino después de Pascua. “Monseñor Boneo vio que en diciembre a muchos peregrinos se les complicaba por el trabajo en el campo y pidió trasladar la fiesta a otro momento del año para que todos pudieran venir”, comentó.
Durante dos días, la basílica recibirá peregrinaciones, misas, celebraciones y la tradicional procesión con la imagen de la Virgen, en un clima de fe que atraviesa generaciones. Como cada año, Santa Fe volverá a reunirse en torno a su Madre, en una fiesta que combina historia, devoción y esperanza.
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