Tres verbos para la vida creyente: hacer, conservar y meditar con María

martes, 5 de mayo de 2026

05/05/2026 – En el marco del tiempo pascual, la Hermana Mónica Cordero, consagrada de la Diócesis de Río Gallegos, propuso una mirada profunda sobre la figura de María, invitando a redescubrir su vida a la luz de la resurrección de Jesús. A lo largo de un itinerario que recorre distintos momentos del Evangelio, la hermana destacó la importancia de contemplar a la Madre desde la experiencia pascual, entendiendo que los relatos bíblicos no son meras crónicas, sino testimonios de fe que interpelan el presente.

La propuesta parte de una clave central: volver a mirar a María desde lo que Jesús resucitado revela. En ese sentido, invitó a hacer un recorrido especial desde la presencia de Jesús resucitado, mirando lo que en él fue dejando su mamá. De este modo, se busca descubrir la huella de María en la vida de Cristo y, a la vez, dejarse iluminar por su ejemplo.

Al detenerse en el relato de la Anunciación, la Hermana Mónica subrayó la actitud fundamental de María frente a la Palabra de Dios. Allí aparecen dos protagonistas: Dios, que anuncia, y María, que responde. En esa respuesta se condensa un verbo clave: «hágase». Es decir, María no pone obstáculos ni cálculos; se fía de la eficacia de la palabra divina, sumándose al proyecto de Dios sin impedimentos. Un “hágase” que también habla de una fe confiada que no necesita comprenderlo todo, sino que se abre a la acción de Dios sin reservas.

Esta disposición interior contrasta con las actitudes habituales, muchas veces marcadas por la duda o la resistencia. Por eso, invitó a revisar la propia respuesta creyente y a animarse a confiar más, dejando de lado excusas y cálculos que opacan la acción divina.

En un segundo momento, al reflexionar sobre el nacimiento de Jesús, destacó otra actitud y otros dos verbos de María que se vuelve enseñanza para los creyentes: conservar y meditar. El Evangelio señala que “María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón”, una expresión que revela profundidad espiritual. Se trata de una actitud de guardar, atesorar y reflexionar los acontecimientos, incluso cuando no se comprenden plenamente.

Finalmente, la hermana propuso trasladar esta experiencia a la vida cotidiana, reconociendo las “Pascuas” personales, es decir, los pasos de Dios en la propia historia. En ese camino, invitó a detenerse, recordar, preguntarse y hacer memoria de los momentos en los que Dios se hizo presente de manera fundante. Así, María se presenta como guía para aprender a creer, a dejar hacer a Dios y a guardar en el corazón su presencia viva.

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