22/04/2026 – El Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Río Blanco y Paypaya, ubicado en la provincia de Jujuy, es uno de los centros de fe más significativos del norte argentino. Allí, en la localidad de Río Blanco, a pocos kilómetros de San Salvador de Jujuy, miles de fieles se acercan cada año para renovar su devoción a la Virgen, especialmente durante el mes de octubre, cuando las peregrinaciones se multiplican.
El padre Germán Maccagno, rector del santuario y párroco de la comunidad, compartió detalles sobre los orígenes de esta profunda devoción. “La devoción a la Virgen del Rosario del Río Blanco y Paypaya es una devoción muy antigua”, explicó, destacando que sus raíces se remontan a varios siglos atrás, con testimonios que evidencian su presencia ya en el siglo XVII. Esta tradición fue creciendo con el tiempo, arraigándose profundamente en la identidad del pueblo jujeño.
De acuerdo a los relatos, la historia de la Virgen está marcada por acontecimientos que la vinculan con la protección del pueblo originario de la zona. “La tradición dice que la Virgen defendió a los paipayas”, contó el padre, en referencia a los habitantes originarios que, según la memoria popular, encontraron en ella amparo frente a ataques externos. Esta dimensión histórica y espiritual refuerza el vínculo entre la imagen y la comunidad.
En cuanto a la imagen de la Virgen, el padre describió que existen dos representaciones principales: una coronada, más pequeña, que se encuentra en la catedral, y otra de mayor tamaño, resguardada en el santuario. Ambas responden a la iconografía tradicional de la Virgen del Rosario: con manto celeste, el rosario en sus manos y el Niño en brazos. Se trata de una imagen cercana y reconocible para los fieles, que expresa ternura y autoridad materna.
A lo largo del año, el santuario recibe visitantes, pero es en octubre cuando la fe se expresa con mayor intensidad. Peregrinos de distintos puntos de la provincia y del país llegan caminando, algunos recorriendo largas distancias como gesto de entrega y confianza. “Vemos gente que viene caminando de más de 100 kilómetros y cuando llega entra de rodillas”, relató el padre Germán, conmovido por estos testimonios de fe.
Para los jujeños, la Virgen de Río Blanco ocupa un lugar profundamente arraigado en su vida espiritual y cultural. No se trata solo de una advocación mariana, sino de una presencia que atraviesa generaciones, tradiciones y modos de vivir la fe. “La devoción se ha ido arraigando en el ADN de todos los jujeños”, expresó el padre y rector del Santuario, dando cuenta de una pertenencia que excede incluso la práctica religiosa: una identidad compartida que convoca, reúne y da sentido a un pueblo entero.
El Santuario, que desde hace cuatro años también funciona como parroquia, se encuentra en constante crecimiento, acompañando el desarrollo de los barrios cercanos. Además, cuenta con espacios amplios para la celebración de misas multitudinarias y una capilla de adoración perpetua, donde la oración no se detiene. Lo podemos encontrar en su página web y en las distintas redes sociales.
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