28/04/2026 – En el marco del tiempo pascual, la hermana Mónica Cordero, consagrada de la Diócesis de Río Gallegos, compartió una profunda reflexión sobre el lugar de María en la vida de fe, invitando a redescubrir su presencia a partir de la experiencia cotidiana y del camino junto a Jesús. En un clima cercano y celebrativo, comenzó recordando que la Pascua no es solo una fecha, sino una vivencia constante: “Es un tiempo muy luminoso, la Pascua vuelve a iluminar toda nuestra fe, le renueva el brillo”.
A partir de esta certeza, propuso iniciar un itinerario espiritual siguiendo a María durante las semanas pascuales, contemplando su figura como guía y maestra. La invitación es concreta: mirar su presencia en la vida de Jesús y dejar que esa mirada ilumine la propia vida. En ese sentido, subrayó que muchas veces María aparece de manera silenciosa, casi desapercibida, pero profundamente activa en lo cotidiano.
Uno de los ejes centrales del encuentro fue la memoria personal del vínculo con la Virgen. La hermana Mónica animó a preguntarse por ese primer encuentro significativo con María, aquel momento que dejó huella en la vida. “Si vamos a renovar nuestro caminar con María, arranquemos recordando cuándo empezamos a caminar juntos”, expresó, destacando el valor de volver a las raíces de la fe.
La reflexión también se detuvo en la relación entre Jesús y María, planteando una mirada profundamente humana del aprendizaje del amor: “El corazón de Jesús nos muestra muchos datos, muchos gestos del corazón de María. Están escritos en el andar de Jesús”. Desde allí, invitó a descubrir en los gestos cotidianos del Evangelio la huella materna que formó el corazón de Cristo.
Finalmente, propuso vivir este camino pascual como una oportunidad para reencontrarse con María en lo simple de cada día: en los gestos, en las actitudes, en la vida familiar y en las pequeñas experiencias donde se hace presente el amor. Así, el recorrido espiritual no queda en lo teórico, sino que se encarna en la vida concreta.
Con esta propuesta, la hermana Mónica abrió un camino de cinco encuentros para profundizar en la figura de María durante la Pascua, y caminar con ella hacia la celebración de Pentecostés.
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