María, Mujer del Magníficat

viernes, 2 de enero de 2026

31/01/2025- En este programa especial de fin de año de María, camino de esperanza se nos invitó a contemplar a la Virgen como Mujer del Magníficat, desde la mirada del Padre José Kentenich, fundador del Movimiento de Schoenstatt.

El Magníficat, canto de alabanza y gratitud que María proclamó en la visita a su prima Isabel, fue presentado no solo como una oración hermosa, sino como la expresión de un corazón totalmente confiado en Dios. Para el P. Kentenich, este himno fue el “canto de la fe práctica en la Divina Providencia”, porque reveló cómo María interpretó su vida y la historia desde la certeza de que Dios actuó concretamente en cada acontecimiento.

A lo largo del programa se profundizó en cuatro dimensiones centrales del Magníficat según la espiritualidad de Schoenstatt. En primer lugar, se destacó que María reconoció que toda su vida estuvo guiada por Dios: “El Señor hizo en mí cosas grandes”. Ella descubrió la acción divina en lo pequeño y cotidiano, y vivió todo como parte de un plan amoroso. En segundo lugar, su canto unió confianza y misión: María agradeció porque supo que había sido llamada y enviada, y se entregó sin temor al futuro. Además, el Magníficat mostró cómo María interpretó incluso lo difícil desde Dios, descubriendo su acción también en los contrastes, dolores y desafíos de la historia. Finalmente, el canto fue presentado como una actitud permanente de agradecimiento, fruto de un corazón que reconoció que todo fue gracia.

Desde esta perspectiva, María aparece como una mujer valiente, libre y magnánima. Su humildad no fue pasividad, sino verdad interior: Dios hizo maravillas, y ella se dejó usar como instrumento. El Magníficat se convirtió así en una invitación concreta para cada oyente: cuando se agradeció, se confió y se aceptó la misión que Dios regaló, se estuvo viviendo el propio Magníficat.

El programa también profundizó en la práctica de la coronación de María, tan significativa en Schoenstatt. El P. Kentenich coronó a la Mater en momentos históricos difíciles como un gesto de confianza radical: “Dios actúa. María reina. Yo confío”. Coronarla fue presentado como entregarle la propia vida, las luchas y esperanzas, y permitirle que eduque y guíe el camino.

Como gesto pedagógico y espiritual, se propuso una dinámica simbólica con la corona: entregar a María el año que terminaba y consagrarle el que comenzaba, confiando en que Ella transformaría lo que se ponía en sus manos. De este modo, coronarla se presentó como una forma concreta de comenzar el nuevo año con fe, esperanza y misión.