Concédenos la sabiduría del diálogo

jueves, 4 de junio de 2026

03/06/2026 – La celebración eucarística está atravesada por una dinámica que muchas veces realizamos de manera automática: el diálogo. Sin embargo, detrás de cada respuesta de la asamblea, de cada aclamación y de cada “Amén”, se esconde una profunda enseñanza para la vida cotidiana.

Así lo reflexionó María Cecilia Jaurrieta, miembro de la Orden Franciscana Seglar, durante el programa «La Eucaristía, una fiesta para la vida«, al proponer un recorrido que va “de los diálogos de la Misa a la sabiduría del diálogo en la vida”.

“La celebración no es un monólogo”, afirmó Cecilia. Por el contrario, toda la Liturgia expresa el gran diálogo de la salvación: “Dios se revela al hombre y habla con el hombre. Él toma la iniciativa de dirigirle la palabra”. Desde los textos bíblicos hasta las respuestas de la asamblea, la Misa actualiza ese encuentro entre Dios y su pueblo mediante palabras, gestos, signos y aclamaciones.

María Cecilia invitó a prestar atención a la cantidad de intercambios que se producen durante la celebración: “Y con tu espíritu”, “Amén”, “Aleluya” y tantas otras respuestas que permiten que la comunidad participe activamente. Esta forma dialogada, heredada de la tradición judía, también está presente en los salmos, la Liturgia de las Horas, las letanías y el rezo comunitario del Rosario.

De los diálogos de la Misa a la cultura del encuentro

Pero la reflexión fue más allá del ámbito litúrgico: “Qué lindo sería que pensáramos esta forma de vivir, pasar de esos diálogos de la liturgia a la vida”, expresó. Así como es sagrado dialogar en la Misa, también estamos llamados a “santificar, sacralizar las realidades cotidianas”.

La franciscana compartió además una enseñanza recibida de un fraile que vivió en Tierra Santa, quien destacó la importancia de la cercanía y la unidad entre los miembros de una comunidad. Esa experiencia la llevó a subrayar que la verdadera comunión no es solamente física, sino que se construye a través de la comunicación y el encuentro.

Inspirada también en las frecuentes enseñanzas del papa Francisco sobre la cultura del diálogo, Cecilia dejó una pregunta para la reflexión personal: “¿Te cuesta reconocer algo bueno en el hermano?”. Porque, recordó, “para dialogar tenemos que presuponer que el hermano tiene algo bueno que hemos descubierto”. Y concluyó con una afirmación contundente: “No existe diálogo si no hay confianza”.

De este modo, los diálogos sagrados de la Liturgia se convierten en una escuela para aprender a escuchar, responder, encontrarnos y construir juntos el bien común.

Podés escuchar el programa completo en el audio que acompaña esta nota