Jesús nos envía a ser misioneros de la paz

jueves, 11 de junio de 2026

10/06/2026 – En una nueva edición del programa «La Eucaristía, una fiesta para la vida«, la franciscana seglar María Cecilia Jaurrieta nos propuso reflexionar sobre un tema profundamente ligado a la vida cotidiana y a la celebración litúrgica: la paz.

«Vamos a proponerles algo que tiene que ver con nuestra vida cotidiana, como siempre lo hacemos desde la Eucaristía, y es la paz», expresó Cecilia al comienzo del espacio. A partir de los textos de la Misa y de las palabras que pronuncia el sacerdote durante la celebración, nos invitó a descubrir cómo la liturgia ofrece herramientas concretas para construir relaciones más serenas y reconciliadas.

Como disparador para la participación de los oyentes, nos planteó una pregunta sencilla pero desafiante: «¿Qué situaciones nos quitan la paz?«. La propuesta apuntó a reconocer aquellas circunstancias que generan enojo, inquietud o desasosiego, pero también a aprender de ellas para crecer humanamente.

Durante su reflexión, destacó que Jesús envió a sus discípulos -y hoy a todos los cristianos- a ser «misioneros de la paz». Según explicó, ese mensaje atraviesa toda la celebración eucarística y aparece repetidamente en distintos momentos de la celebración eucarística. Por eso, agregó Cecilia, «la palabra paz está presente desde el inicio hasta el final de la celebración».

María Cecilia recordó que uno de los saludos más habituales con los que comienza la misa es: «La gracia y la paz de parte de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor estén con todos ustedes». Esta fórmula expresa una invitación a recibir «la paz que viene del Señor, la paz que viene de lo alto».

En ese contexto, evocó también la figura de San Francisco de Asís, quien hizo de la paz el centro de su predicación y de su saludo cotidiano. «Él saludaba siempre deseándole la paz a todos los que lo escuchaban», recordó.

La reflexión continuó recorriendo otros momentos de la liturgia. En el Gloria, por ejemplo, aparece el anuncio de los ángeles en la noche de Navidad: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor». Allí destacó cómo esta proclamación, nacida en los primeros siglos del cristianismo, terminó incorporándose a la Liturgia universal.

También se detuvo en el Padre Nuestro y en la oración que lo continúa: «Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días«. Allí subrayó que pedir ser liberados del mal es, en definitiva, pedir una vida reconciliada con Dios y con los demás.

«El pecado es la primera disrupción, lo primero que rompe la paz entre Dios y el ser humano», explicó.

Finalmente, destacó otra de las oraciones que preceden a la comunión: «Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: la paz les dejo, mi paz les doy». Este texto vuelve a poner en el centro una paz que no es solamente ausencia de conflictos, sino una realidad mucho más profunda.

Te invitamos a escuchar el programa completo en el audio que acompaña esta nota