jueves, 29 de noviembre de 2018

Para el teólogo Schickendantz, “Medellín es la carta de identidad en la historia de la Iglesia de América Latina”

jueves, 29 de noviembre de 2018
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29/11/2018 – El padre Carlos Schickendantz, sacerdote cordobés, doctor en teología y actualmente miembro de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile, hizo un pormenorizado detalle de lo que fue el acontecimiento de Medellín de 1968 para la Iglesia de América Latina. “Medellín es la carta de identidad de nuestra historia común que hoy se expresa en el pontificado de Francisco. En el documento de Medellín está el origen de quienes somos. Y desde esta forma es visto en todo el mundo”, resumió el padre Schickendantz.

El sacerdote cordobés sostuvo que “solo entendiendo qué fue el Concilio Vaticano II se logra entender cuál fue el aporte y el logro de Medellín, tan solo tres años después de haber finalizado el Concilio. El Vaticano II y Medellín son una pareja inseparable. De hecho, el papa Pablo VI estuvo en Colombia y fue quien realizó la apertura de la Conferencia de Medellín, pero en la ciudad de Bogotá”. El destacado teólogo que de Medellín participaron unas 260 personas, de las cuales la mayoría fueron obispos.

El padre Schickendantz agregó que “el discernimiento más complicado que tuvieron que hacer los pastores en la Conferencia de Medellín fue decidir si la violencia armada era una vía legítima de transformación social acorde con el Evangelio. Y allí decidieron seguir al papa Pablo VI, quien un año antes, en la carta encíclica ´Populorum progressio`(El desarrollo de los pueblos) sostuvo bajo el título ´Revolución`, que ´la insurrección revolucionaria -salvo en caso de tiranía evidente y prolongada que atentase gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañase peligrosamente el bien común del país- engendra nuevas injusticias, introduce nuevos desequilibrios y provoca nuevas ruinas. No se puede combatir un mal real al precio de un mal mayor`”.

Además destacó que “el secreto de Medellín fue utilizar el método pastoral del ver, juzgar y obrar. A partir de este acontecimiento eclesial, la Iglesia de América Latina ya no fue más un espejo de la de Europa, sino que comenzó a tener su propia fuente, con una clara conciencia de ser una Iglesia regional”.