01/05/2026 – En el marco de una nuevo encuentro de «Espiritualidad para la Crianza en Familia», el Padre Fernando Cervera sj se refirió al papel de la familia en la formación afectiva y sexual de los hijos. Lejos de reducirse a contenidos técnicos o informativos, la propuesta invita a redescubrir lo cotidiano como espacio privilegiado de educación: la escucha, la presencia y el testimonio.
Desde el inicio, subrayó que el desafío no pasa tanto por acumular conocimientos, sino por asumir con humildad el rol adulto: “no saber más en sentido técnico, sino saber más de nuestros hijos”, poniendo el acento en la escucha atenta y en el vínculo cercano. En este sentido, destacó que acompañar no implica renunciar a la autoridad, sino ejercerla desde la experiencia y la fragilidad compartida.
Al abordar la afectividad y la sexualidad, el Padre Fernando remarcó que no pueden pensarse de manera aislada ni reducidas a lo meramente biológico. Por el contrario, afirmó que “esta sexualidad no habla solamente de lo genital, sino de toda la vida afectiva emocional”, entendida como la capacidad de vincularse, de amar y de reconocerse en relación con otros. Desde esta perspectiva, la familia aparece como el ámbito fundamental donde se configuran las primeras experiencias de amor, reconocimiento y límites.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos de los extremos en la crianza: tanto la rigidez excesiva como la ausencia de referencias claras pueden generar confusión y fragilidad. Frente a ello, propuso un camino de equilibrio basado en la coherencia y el testimonio: “nuestra modo de vincularnos con ellos y de vincularnos entre nosotros es lo que más va a influir en sus vínculos”. Es decir, más que los discursos, son las actitudes cotidianas las que dejan huella en el desarrollo emocional.
Finalmente, insistió en la importancia de una presencia adulta que acompañe, contenga y oriente, especialmente en un contexto donde abundan mensajes contradictorios. En este marco, sostuvo que “si algo ayuda al crecimiento afectivo y sexual de los niños y adolescentes, es nuestra presencia contenedora de referencia”, capaz de brindar seguridad sin invadir, y de ofrecer sentido sin imponer.
De este modo, la crianza afectiva y sexual en el hogar se presenta como una tarea profundamente humana y espiritual, donde el amor vivido y compartido se convierte en la principal guía para el crecimiento integral de los hijos.
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