19/03/2026 – En el primer encuentro de «Espiritualidad para la crianza en familia», el padre Fernando Cervera sj propuso mirar con profundidad los desafíos actuales en la crianza y educación de niños y adolescentes, señalando que no se trata de problemas aislados, sino de realidades que se repiten y se transforman con el paso del tiempo.
En su introducción explicó que la vida familiar, la historia personal y la dimensión espiritual están estrechamente vinculadas, y por eso es necesario pensar juntos los cambios que atraviesan las nuevas generaciones. Incluso quienes no se consideran creyentes, buscan algún sentido que los ayude a orientarse en el camino de la vida.
Uno de los ejes centrales del planteo fue la dificultad actual para la comunicación entre generaciones. El padre Fernando señaló que muchos adultos sienten desconcierto ante los cambios culturales, tecnológicos y sociales que viven los jóvenes, lo que vuelve más complejo el diálogo cotidiano. A esto se suma que las etapas de la vida ya no se viven como antes, ya que la adolescencia parece haberse extendido y comenzar cada vez más temprano.
“Hoy tenemos que pensar que niños de 10, 11, 12 o 13 años ya viven elementos que antes identificábamos solamente como propios de la adolescencia. Y que jóvenes de 30 o un poco más también viven elementos de esa adolescencia”, expresó, subrayando que estos cambios no deben verse solo como una crisis, sino como procesos nuevos que exigen comprensión y acompañamiento.
Otro aspecto importante fue el impacto de la tecnología y de la sociedad de consumo en la vida familiar. El padre Fernando advirtió que los dispositivos y las redes sociales modifican la forma de relacionarse, de aprender y de construir vínculos, generando nuevas tensiones en la tarea educativa. Sin embargo, insistió en que la presencia del adulto sigue siendo irremplazable, especialmente en los primeros años de vida. “Una tecnología no te va a poder abrazar cuando llorás”, señaló, recordando que el desarrollo afectivo y humano necesita contacto, tiempo compartido y acompañamiento real.
En la segunda parte de la reflexión se refirió a lo que llamó una “crisis de la adultez”, es decir, la dificultad que hoy tienen muchos padres para ejercer la autoridad sin caer en el autoritarismo ni en el permisivismo. Explicó que los cambios culturales del último siglo dejaron a muchas familias sin referencias claras, lo que genera inseguridad al momento de poner límites o guiar a los hijos.
Finalmente, propuso mirar ejemplos de la fe, como Abraham y San José, para comprender que la verdadera paternidad no se basa solo en imponer normas, sino en acompañar, confiar y saber soltar. Desde esa perspectiva, invitó a redescubrir el valor de la crianza como una misión esencial en el mundo actual, convencido de que, aun en medio de la confusión, sigue siendo posible educar con amor, responsabilidad y esperanza.
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