¿Cómo amar a quien te ha herido? El camino que Jesús propone

martes, 16 de junio de 2026

Jesús nos desafía a ir más allá del perdón: nos invita a amar a los enemigos y a rezar por quienes nos hacen daño. Un camino difícil, pero capaz de transformar el corazón y abrirnos a una fraternidad más profunda.

¿Cómo amar a quien te ha herido?

Hay palabras de Jesús que resultan exigentes. Y pocas son tan desafiantes como las que escuchamos en el Evangelio de hoy:

«Amen a sus enemigos y rueguen por sus perseguidores».

Humanamente parece imposible. Cuando alguien nos hiere, nos decepciona o nos hace sufrir, la reacción espontánea suele ser la distancia, el enojo o el rechazo. Sin embargo, Jesús propone un camino distinto: responder al mal con el amor que nace de Dios.

No se trata de negar el dolor ni de justificar las injusticias. Se trata de permitir que el amor de Dios tenga la última palabra sobre nuestras heridas.

El primer paso: rezar por quien nos cuesta

Jesús no comienza pidiendo sentimientos extraordinarios. Propone algo concreto: orar.

Rezar por quien nos ha lastimado es introducir a esa persona en el lugar más íntimo de nuestro corazón: el diálogo con Dios.

Muchas veces no surge de manera natural. Nos resulta más fácil quejarnos, recordar la ofensa o alimentar el resentimiento. Pero cuando presentamos ante Dios a quien nos cuesta amar, algo empieza a cambiar.

La oración transforma lentamente nuestra mirada.

Quien era visto únicamente como adversario comienza a aparecer también como una persona necesitada de misericordia, tan frágil y necesitada de Dios como nosotros mismos.

El amor que ensancha el corazón

El Evangelio nos invita a salir de una lógica de grupos cerrados.

«Si aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tienen?»

Jesús nos llama a una fraternidad que no excluye. El Padre hace salir el sol sobre buenos y malos, y derrama su lluvia sobre justos e injustos. Su amor no conoce fronteras.

Por eso el cristiano está llamado a mirar la realidad con amplitud de corazón, reconociendo que todos, incluso quienes piensan distinto o nos han herido, forman parte de la misma familia humana.

El poliedro: una imagen para la fraternidad

El Papa Francisco utilizó muchas veces la imagen del poliedro para explicar la convivencia humana.

A diferencia de una esfera donde todo se uniforma, el poliedro conserva las diferencias. Cada cara aporta algo único y valioso al conjunto.

La verdadera unidad no elimina las diversidades. Las integra.

También en nuestras comunidades, familias y relaciones, el desafío consiste en aprender a convivir con quienes son distintos, sin convertir las diferencias en enemistades.

La oración cambia nuestra forma de amar

Cuando rezamos sinceramente por alguien, resulta cada vez más difícil sostener el rencor.

La oración va purificando el corazón. Nos ayuda a descubrir que también nosotros necesitamos ser perdonados, comprendidos y amados.

De este modo, el amor al enemigo deja de ser una teoría para convertirse en una experiencia concreta de transformación interior.

Los santos comprendieron profundamente este secreto. Por eso muchos de ellos hicieron de la oración por quienes los perseguían uno de los rasgos más luminosos de su camino espiritual.

Amar como ama el Padre

La meta que Jesús propone parece inmensa:

«Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo».

No se trata de una perfección sin errores, sino de una perfección en el amor.

Amar como ama el Padre significa dejar espacio para todos. Significa aprender a mirar con misericordia, incluso cuando la herida todavía duele.

Es un camino que dura toda la vida y que solo es posible con la gracia de Dios.

Por eso hoy podemos pedirle al Señor:

«Dame un corazón capaz de rezar por quienes me cuestan. Enséñame a mirar como Vos mirás, a perdonar como Vos perdonás y a amar como Vos amás.»

Evangelio del día – Mateo 5, 43-48

Jesús dijo a sus discípulos: «Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo. Porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo».