Comulgar es decir «sí» al vínculo de la fraternidad

viernes, 24 de abril de 2026

«Cuando uno dice ‘Amén’ al recibir la comunión, está aceptando un compromiso inalienable: el de permanecer en comunión con Jesús y con los hermanos». Con estas palabras, el Padre Javier Soteras nos invita a descubrir el realismo profundo del Evangelio de hoy.

En una nueva edición de «La Catequesis», el Padre Javier Soteras, Director de Radio María Argentina, meditó sobre el discurso del Pan de Vida en la sinagoga de Cafarnaúm (Juan 6, 52-59). La reflexión de hoy nos lleva un paso más allá de la piedad individual para entender que la Eucaristía es, por sobre todo, un proyecto de fraternidad.

Muchos granos, un solo pan

Citando a grandes Padres de la Iglesia como San Cirilo de Alejandría y San Juan Crisóstomo, el Padre Javier explicó el «invento maravilloso» de Jesús: hacernos uno solo con Él y entre nosotros. «Como el pan es uno solo aunque esté compuesto por muchos granos de trigo, nosotros, al comulgar, nos fundimos en una unidad donde nuestra diversidad no desaparece, sino que se fusiona en el amor», señaló.

Participar de la carne y la sangre de Cristo no es un acto privado, sino la entrada a una «espiritualidad de comunión». Como decía San Juan Pablo II, es hacer que las alegrías y los dolores del hermano sean verdaderamente los nuestros.

El modelo de una humanidad fraterna

El Padre Javier compartió un testimonio conmovedor de Jean Vanier sobre la vida comunitaria en los pueblos africanos, donde la pertenencia al otro es una convicción natural. «Ellos no necesitan hablar de comunidad, la viven intensamente. Ese es el latir que deseamos para nuestra señal en toda la Argentina: sentir que nos pertenecemos los unos a los otros», expresó.

Comer la carne de Jesús es, entonces, alimentar el deseo de vivir en unidad. Es el modelo de humanidad que el Padre soñó y que Cristo vino a restaurar a través del mandamiento de la caridad.

Una invitación a ser «cocorpóreos» con Cristo

La vida que Cristo trae es fruto del vínculo de amor fraterno. Al decir «Amén», nos hacemos «cocorpóreos» con Él. No somos muchos cuerpos aislados, sino un solo Cuerpo místico que late con un mismo corazón: el de Jesús, bajo la mirada tierna de María.

Mirá la Catequesis completa

(Te invitamos a profundizar en esta enseñanza y a descubrir cómo fortalecer el vínculo de caridad en tu comunidad)

Evangelio del día: Juan 6, 52-59

Lectura del santo evangelio según san Juan:

En aquel tiempo, los judíos disputaban entre sí, diciendo: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm.

Palabra del Señor.