Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios: el discernimiento cristiano frente al poder

martes, 2 de junio de 2026

A partir del Evangelio de Marcos 12,13-17, el padre Javier reflexiona sobre la astucia de Jesús frente a quienes intentan tenderle una trampa. Su respuesta invita a discernir, a no absolutizar los poderes humanos y a vivir una fe capaz de construir puentes en medio de las divisiones.

¿Qué significa dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios?

El Evangelio de Marcos 12,13-17 presenta uno de los diálogos más conocidos de Jesús. Fariseos y herodianos, grupos enfrentados entre sí, se unen para tenderle una trampa. Su intención no es aprender, sino encontrar un motivo para desacreditarlo.

La pregunta parece sencilla: ¿es lícito pagar impuestos al César o no? Sin embargo, detrás de ella se esconde una estrategia cuidadosamente preparada. Cualquier respuesta directa podía convertirse en una acusación.

Jesús, con una profunda sabiduría espiritual, descubre la hipocresía de quienes lo interrogan y responde con una frase que atraviesa los siglos:

«Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

La astucia evangélica de Jesús

Antes de responder, Jesús pide que le muestren una moneda. Allí aparece la imagen del César, símbolo del poder político de Roma.

Con este gesto, Jesús evita quedar atrapado en una discusión ideológica. No absolutiza el poder político, pero tampoco promueve una rebelión superficial. Más bien invita a poner cada realidad en su lugar.

El César tiene autoridad sobre cuestiones temporales, pero solo Dios es Señor de la vida humana. Ningún poder terreno puede ocupar el lugar que corresponde a Dios.

Autoridad y poder: una diferencia fundamental

El padre Javier destaca una enseñanza especialmente actual: no es lo mismo tener poder que tener autoridad.

El poder puede imponerse por la fuerza, el dinero o la influencia. La autoridad, en cambio, nace de la coherencia, del servicio y de la verdad.

Jesús habla con autoridad porque vive lo que enseña. Su vida es transparente y por eso sus palabras transforman corazones.

En una sociedad marcada por enfrentamientos y polarizaciones, el Evangelio invita a buscar líderes capaces de construir puentes y generar encuentro.

El discernimiento cristiano frente a las grietas

La escena muestra algo que sigue ocurriendo hoy: sectores enfrentados pueden unirse cuando buscan eliminar una voz que incomoda.

Por eso el Evangelio es una escuela de discernimiento. Jesús enseña a mirar más allá de las apariencias, a descubrir las verdaderas intenciones y a no dejarse manipular por discursos engañosos.

La fe cristiana no consiste en elegir una grieta para habitar, sino en dejar que Dios ilumine cada situación con la luz de la verdad y la caridad.

Una invitación a la libertad interior

La respuesta de Jesús también interpela nuestra vida cotidiana. ¿Qué lugar ocupan las cosas materiales? ¿Qué espacio le damos a Dios? ¿Estamos entregando nuestro corazón a aquello que no puede salvarnos?

Solo quien pone a Dios en el centro puede vivir con verdadera libertad.

Por eso la adoración eucarística, la oración y el encuentro con Cristo ayudan a ordenar la vida, a distinguir lo esencial de lo secundario y a actuar con sabiduría en medio de los desafíos del mundo.

Evangelio del día (Marcos 12,13-17)

«Enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?’

Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: ‘¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario.’

Cuando se lo mostraron, preguntó: ‘¿De quién es esta figura y esta inscripción?’

Respondieron: ‘Del César.’

Entonces Jesús les dijo: ‘Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.’

Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.»