En su catequesis sobre el Evangelio de Marcos 10,32-45, el padre Javier invita a descubrir que la verdadera grandeza nace del servicio, la entrega y el amor vivido en lo cotidiano. Jesús enseña que solo quien ama hasta darse encuentra el sentido profundo de la vida
El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús camino a Jerusalén anunciando su pasión, mientras enseña a sus discípulos que la verdadera grandeza no está en el poder ni en los primeros lugares, sino en el servicio. Frente al deseo humano de reconocimiento, Cristo propone una lógica distinta: “el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos”.
En su catequesis, el padre Javier recuerda que cada jornada es una oportunidad para vivir pequeñas “Pascuas cotidianas”, ofreciendo la vida en el amor concreto, en la paciencia, en la entrega silenciosa y en la caridad con quienes más sufren. Allí, en lo simple y escondido, Jesús sigue haciendo nuevas todas las cosas.
El Señor nos llama a amar como Él ama: un amor que incluye, que perdona, que abraza incluso a quienes piensan distinto o nos hieren. Ese amor, vivido en la oración y alimentado por el Espíritu Santo, transforma el corazón y nos convierte en testigos del Evangelio.
Como enseñaba santa Madre Teresa de Calcuta, amar verdaderamente implica entregarse “hasta que duela”. Solo así descubrimos que las cosas más importantes de la vida —la paz, la fe, la amistad, la esperanza y el amor— no se compran ni tienen precio: son dones de Dios.
En aquel tiempo, mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos. Ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo.
Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:
“Ahora subimos a Jerusalén. Allí el Hijo del Hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos. Ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán, y tres días después resucitará”.
Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron:
“Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”.
Él les respondió:
“¿Qué quieren que haga por ustedes?”
Ellos le dijeron:
“Concédenos sentarnos, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”.
Jesús les dijo:
“No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?”
“Podemos”, le respondieron.
Entonces Jesús agregó:
“Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”.
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
Jesús los llamó y les dijo:
“Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes dominan a las naciones como si fueran sus dueños y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así.
Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.
Palabra del Señor.