El padre Sebastián García reflexiona sobre la oración sacerdotal de Jesús y nos invita a descubrir un gozo profundo y duradero que nace de permanecer en el amor de Dios y vivir como discípulos misioneros en medio del mundo.
En el Evangelio de hoy (Jn 17,11b-19), seguimos contemplando la oración sacerdotal de Jesús. Antes de su pasión, el Señor eleva al Padre una profunda intercesión por sus discípulos y les revela el deseo más hondo de su corazón: que permanezcan unidos, protegidos y llenos de su gozo.
El padre Sebastián García destaca que esta oración también nos incluye a nosotros. Jesús sigue intercediendo por su pueblo y nos invita a vivir una fe encarnada en medio de la vida cotidiana.
Una de las claves más profundas de esta catequesis es comprender que el gozo cristiano no es simple alegría pasajera. No depende de que todo salga bien ni de vivir sin dificultades. El verdadero gozo nace de saberse amado por Dios y de permanecer en su voluntad aun en medio de las pruebas.
Por eso Jesús dice claramente que sus discípulos están en el mundo, pero no son del mundo. El cristiano no huye de la realidad ni se encierra; vive plenamente en medio de la sociedad, pero sin entregar el corazón a la lógica del egoísmo, el consumismo o la indiferencia.
La misión del discípulo es dejar que el Evangelio transforme su manera de vivir, amar y relacionarse. Y eso comienza escuchando la Palabra de Dios con un corazón abierto y disponible.
La catequesis también profundiza en el sentido de la caridad cristiana. Amar no es “dar desde arriba”, sino compartir la vida, generar encuentro, escuchar y caminar junto a los demás. Jesús mismo nos enseña esto en el gesto del lavatorio de los pies: Dios se abaja para mirar nuestra vida desde abajo, con ternura y misericordia.
El padre Sebastián recuerda además una enseñanza sencilla pero profunda de un niño pequeño: “Si le entregás el corazón a Jesús, tenés libertad; si se lo entregás al mal, tenés oscuridad”. Una síntesis simple del Evangelio que invita a volver a lo esencial.
Hoy el Señor nos invita a preguntarnos:
👉 ¿Cuál es el verdadero gozo de mi vida?👉 ¿Dónde encuentro una alegría duradera y profunda?👉 ¿Estoy viviendo en el mundo según el corazón de Jesús?👉 ¿Dejo que la Palabra transforme concretamente mi vida cotidiana?
Evangelio según San Juan (17,11b-19)
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo:
«Padre santo, cuida en tu nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo los protegía y ninguno de ellos se perdió, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi gozo cumplido en sí mismos.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad».
Palabra del Señor.Gloria a ti, Señor Jesús.