En la Catequesis de hoy, inspirada en el Evangelio de Juan (16, 5-11), el Padre Javier Soteras nos invitó a profundizar en la tercera persona de la Santísima Trinidad. En este tiempo de Pascua, camino a Pentecostés, la Iglesia nos recuerda que no estamos huérfanos: el Espíritu Santo es la presencia amiga y liberadora que habita en nuestra interioridad.
¿Quién es el Espíritu Santo? «Creo en el Espíritu Santo, que es Señor y dador de vida». Partiendo del Credo, la reflexión subrayó que el Espíritu es Kirios (Señor). No es una energía abstracta, sino Dios mismo que actúa con dulzura y fortaleza en nuestro corazón, dándonos claridad en medio de la confusión y esperanza en los momentos de prueba. Él es quien santifica este tiempo intermedio entre la resurrección de Jesús y su venida gloriosa.
Saciando la sed del alma El Padre Javier hizo un diagnóstico profundo de la condición humana: todos somos peregrinos con sed de belleza, justicia y paz. Sin embargo, advirtió sobre la tentación de llenar ese «vacío interior» con el consumo, el placer superficial o las distracciones. «El Espíritu Santo es el agua viva que sacia en profundidad», afirmó. Mientras las cosas del mundo son pasajeras, el Espíritu ofrece una plenitud que no está amenazada por la muerte.
Ser personas espirituales Citando al Papa Francisco, Soteras aclaró que ser «espiritual» no significa ser alguien volátil que no pisa tierra. Al contrario, es aquel que, con los pies en el barro de la realidad, piensa y obra según Dios. Es el Espíritu quien nos permite clamar «Abba, Padre» y nos convence de la verdad más transformadora de todas: Dios te ama. Escuchar esta verdad es el motor para salir de cualquier «atolladero» o sensación de abandono.
(Te invitamos a ver el video para profundizar en esta sanadora enseñanza)
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 5-11
A la Hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus discípulos:«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: «¿A dónde vas?» Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que Yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré.Y cuando Él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio.El pecado está en no haber creído en mí. La justicia, en que Yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán. Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado».
Palabra del Señor.