«El verdadero discípulo conoce la voz del Pastor. Si no la distinguimos entre tantas voces que nos aturden, corremos el riesgo de rumbear desorientados y quedar a merced de los lobos». Con esta advertencia tan cercana y necesaria, el Padre Javier Soteras nos invita a reflexionar sobre nuestra fidelidad en el seguimiento de Jesús.
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En una nueva edición de La Catequesis, el Padre Javier Soteras, Director de Radio María Argentina, meditó sobre el cierre de la «sección de los signos» en el Evangelio de Juan (Capítulo 12). Tras haber celebrado la fiesta del Buen Pastor, la reflexión de hoy nos pone frente a una opción fundamental: dejarnos iluminar por la Verdad o elegir la oscuridad de la mundanidad.
El Padre Javier fue muy claro: para ser discípulos no alcanza con un sentimiento lindo en el pecho. «Hace falta un seguimiento de la mente», afirmó. Citando a San Pablo VI, recordó que evangelizar supone cambiar nuestros criterios y modos de actuar.
A veces cambiamos algunas actitudes externas, pero nos cuesta convertir la raíz: nuestra mentalidad. En una cultura que muchas veces nos invita a «paganizar» la vida, el Evangelio aparece como la luz que nos permite encaminar el rumbo y no permanecer en las tinieblas.
Una de las ideas más fuertes de la catequesis de hoy fue la del juicio. El Padre explicó que Jesús no vino a condenar, sino a salvar. Sin embargo, cuando rechazamos su luz, nos juzgamos a nosotros mismos.
«El que se aparta de la luz no necesita ser enviado a las tinieblas como castigo; él mismo optó por privarse de la luz. Cada uno es juez de sí mismo de acuerdo a sus obras y a lo que elige».
Elegir la oscuridad es una autodeterminación que nos priva de la belleza y la vida que Cristo trajo en abundancia. Por eso, el discernimiento es vital: aprender a optar entre lo que nos alimenta y lo que nos deja vacíos.
Invocando la figura de Santa Catalina de Siena, el Padre nos recordó que la conversión es posible. Pero para que esa luz brille en nosotros, necesitamos estar unidos a Jesús. Como dice el Papa Francisco en Evangelii Gaudium: «Si no sentimos el deseo de comunicar a Jesús, necesitamos detenernos en oración para pedirle que vuelva a cautivarnos».
No podemos dar lo que no tenemos. Solo si nos dejamos amar y mirar por Él frente al Sagrario o al Crucifijo, podremos ser luces en nuestra casa, en el trabajo y en la calle. El desafío es grande pero hermoso: ser testigos de que caminar por el Evangelio es el único rumbo que le da sentido a la existencia.
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 44-50
Jesús exclamó: «El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en Aquel que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, Yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que Yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Porque Yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y Yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó.»
Palabra del Señor.