La viña del Señor y nuestra misión: ¿cómo estás cuidando lo que Dios te confió?

lunes, 1 de junio de 2026

En el comienzo del mes del Sagrado Corazón de Jesús, el Evangelio de la viña invita a revisar nuestra misión personal, comunitaria y eclesial. El padre Daniel Cavallo reflexiona sobre el riesgo de creernos dueños de aquello que Dios nos ha confiado y nos anima a volver a ser servidores fecundos del Reino.

Dios sigue cuidando su viña

La parábola de los viñadores homicidas nos muestra el inmenso amor de Dios por su pueblo. El dueño de la viña la prepara cuidadosamente, la protege y espera frutos abundantes. Así actúa el Señor con cada uno de nosotros: nos regala talentos, oportunidades y personas que nos ayudan a crecer.

Sin embargo, el Evangelio también denuncia una tentación permanente: olvidar que Dios es el dueño de la viña y actuar como si todo nos perteneciera.

Cuando nos creemos dueños

Los sumos sacerdotes, escribas y ancianos comprendieron que Jesús hablaba de ellos. Habían transformado el servicio en poder y la misión en privilegio.

Esta advertencia también interpela nuestra vida cotidiana. Puede suceder en una comunidad, en una familia, en un grupo parroquial o incluso en nuestro corazón. Cuando cerramos espacios, imponemos nuestras ideas o creemos que nadie puede reemplazarnos, corremos el riesgo de apropiarnos de aquello que solo administramos.

La misión no nos pertenece. Es un regalo y una responsabilidad confiada por Dios.

La viña también es nuestra vida

El Evangelio invita a preguntarnos cómo está la viña de nuestra propia existencia. ¿Estamos dando frutos? ¿Estamos respondiendo a la misión que Dios nos encomendó?

Al comenzar junio y acercarnos a la mitad del año, esta pregunta adquiere una fuerza especial. Aquellos proyectos, compromisos y llamados que recibimos al iniciar el año merecen ser revisados a la luz del Evangelio.

La misión puede vivirse en la familia, en el trabajo, en el servicio comunitario, en la parroquia o en los pequeños gestos cotidianos de amor y entrega.

Servidores y no propietarios

San Juan Pablo II recordaba en la exhortación apostólica Christifideles Laici que todos los bautizados son llamados a trabajar en la viña del Señor. No solo los sacerdotes o religiosos, sino también los fieles laicos tienen una misión insustituible en la Iglesia y en el mundo.

La fecundidad de la viña depende de nuestra disponibilidad para colaborar con los planes de Dios y no de imponer los nuestros.

Por eso, el mes del Sagrado Corazón de Jesús se presenta como una oportunidad para renovar la confianza en el Señor, abandonar falsas seguridades y pedir la gracia de ser instrumentos dóciles al servicio del Reino.

Evangelio según san Marcos 12,1-12

Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos:

«Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

A su tiempo les envió un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía. Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.

Les envió de nuevo otro servidor; a este le hirieron la cabeza y lo insultaron. Envió a un tercero y lo mataron. Y así hizo con muchos otros: a unos los golpearon y a otros los mataron.

Todavía le quedaba alguien, su hijo muy querido. Lo envió en último término, pensando: «Respetarán a mi hijo».

Pero los viñadores se dijeron: «Este es el heredero. Vamos a matarlo y la herencia será nuestra». Lo tomaron, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.

¿No han leído este pasaje de la Escritura?:
«La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular; esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos».

Entonces quisieron detener a Jesús porque comprendieron que había dicho esta parábola por ellos, pero tuvieron miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron».