¿Cómo fortalecer nuestra fe en medio de las tribulaciones?

lunes, 18 de mayo de 2026

A las puertas de la gran fiesta de Pentecostés y con la alegría de la Ascensión del Señor aún resonando en nuestros corazones, la Catequesis de hoy nos invita a sumergirnos en el capítulo 16 del Evangelio según San Juan. Jesús nos habla con claridad y nos hace una promesa contundente para los tiempos de dificultad: «En el mundo tendrán tribulaciones, pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo».

Nuestra fragilidad y la fidelidad de Dios El texto comienza con una aparente certeza de los discípulos, quienes afirman creer sin dudas. Sin embargo, Jesús conoce nuestra condición y les advierte que llegará la hora en que se dispersarán y lo dejarán solo. Esta advertencia nos lleva a reflexionar sobre nuestra propia vida y sobre el verdadero sentido del pecado.

Lejos de una mirada legalista donde Dios «se enoja y se va» cuando fallamos, la Catequesis nos recuerda que somos nosotros quienes nos alejamos paulatinamente cuando nos «cortamos solos» por confiar en exceso en nuestras propias fuerzas. El pecado viene muchas veces disfrazado de bien, pero ante nuestra infidelidad, Dios responde con una fidelidad aún mayor. Como la oveja rebelde que se pierde en sus propios caminos, descubrimos a un Dios que no se horroriza de nuestras caídas, sino que sale activamente a buscarnos para hacernos experimentar la gracia de la «feliz culpa».

Vencer al mundo desde la paz Para la teología de San Juan, el «mundo» no representa la creación o la casa común, sino la mundanidad: ese estado de cerrazón del corazón humano que se aparta del amor de Dios y se busca a sí mismo. Jesús ya venció a esa mundanidad en la cruz. Nosotros hacemos nuestra esa victoria cada vez que abrimos el corazón a la alegría, a la esperanza y nos reconocemos hermanos a través del servicio.

Cinco lugares cotidianos para robustecer nuestra fe ¿Cómo podemos mantenernos firmes y conservar la fe en medio de las tribulaciones diarias? Se nos proponen cinco espacios esenciales para nutrir la vida creyente:

  1. La Palabra: Acudir al Evangelio del día de forma comunitaria y a través del ejercicio de la Lectio Divina, respondiendo tres preguntas clave: ¿Qué dice el texto? ¿Qué me dice a mí? y ¿Qué le digo yo a Jesús?
  2. La Eucaristía y los Sacramentos: El pan bajado del cielo no está solo para ser adorado, sino para ser comido. En la comunión, no somos nosotros quienes asimilamos a Dios, sino que Él nos asimila en su gracia.
  3. El Servicio: La fe se juega en la vida concreta a través del amor a los demás, saliendo de una postura intimista para poner por obra la salvación recibida.
  4. La Comunidad: Los cristianos no somos francotiradores. Nuestra fe es esencialmente comunitaria; crecemos y nos sostenemos gracias a la comunión con nuestros hermanos.
  5. La Oración y la Liturgia: Hacer de la vida cotidiana una liturgia continua, llevando todo lo que vivimos, comprendemos y servimos al encuentro íntimo con el Padre.

Mirá la catequesis completa

Te invitamos a compartir y profundizar en esta reflexión sobre los pilares de nuestra fe. Podés revivir la catequesis completa en el siguiente video:

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan     16, 29-33

A la Hora de pasar de este mundo al Padre, los discípulos le dijeron a Jesús: «Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que Tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que Tú has salido de Dios».
Jesús les respondió: «¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: Yo he vencido al mundo».

Palabra del Señor.