En el ciclo La Catequesis de Radio María Argentina, el padre Javier Soteras compartió una profunda reflexión sobre la unidad cristiana desde el Evangelio, invitando a redescubrir una forma de comunión que no excluye, sino que integra. Desde una mirada pastoral y concreta, propuso comprender cómo Jesús nos llama a ser parte de una unidad viva, abierta y plural.
El punto de partida es claro: la unidad que propone Jesús no es uniformidad.
“No es hacer todos lo mismo, sino integrar… siempre que queramos ser parte de una misma causa.”
Esto implica una actitud interior: querer pertenecer, querer caminar con otros, abrirse al encuentro.
La verdadera unidad cristiana:
Sino que las integra en un proyecto común: el Reino de Dios.
El padre Javier destaca una expresión clave:una unidad “pluriforme”.
Esto significa que la Iglesia —y la comunidad— no es uniforme, sino rica en matices, carismas, historias y caminos.
Lejos de ser un problema, esta diversidad es:
La unidad no se construye eliminando lo distinto, sino armonizándolo.
Pero hay una condición importante: querer ser parte.
Jesús invita, no obliga. La integración supone:
No hay unidad sin libertad. Y tampoco sin compromiso.
Ser parte de la misma causa implica:
Evangelio según San Juan 10,22-30:
Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. Los judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya se los dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una cosa».