17/03/2025 – En un nuevo episodio de “Nomades del Espacio”, el licenciado Gabriel Ferrero nos acompañó para responder a la pregunta de Emilse, oyente que se comunicó desde Santa Fe con su interrogante: ¿por qué el cielo es azul oscuro o es negro? Aunque parece sencilla, la respuesta se discutió durante muchos siglos. Hay documentos que indican que se planteó ya en el siglo VI Antes de Cristo. Pero tomó mucho relieve a partir del siglo XIX y recién se pudo plantear una respuesta consistente durante el siglo XX.
Gabriel explicó que el color azul del cielo durante el día se debe a la dispersión de la luz solar en la atmósfera terrestre. “Cuando la luz del Sol entra en la atmósfera, se separan sus colores. Los tonos azulados son los que más se dispersan, y por eso vemos el cielo celeste”, detalló el astrónomo. Este mismo principio ocurre de noche cuando hay luna, aunque en menor intensidad: “Cuanta más luna haya, más azulado se verá el cielo, porque la luz lunar también se dispersa en la atmósfera”.
Pero, ¿por qué el cielo también es negro? Para responder a esto, el profesor nos llevó a un viaje en el tiempo hasta el siglo XIX, cuando el astrónomo alemán Heinrich Olbers planteó lo que hoy conocemos como la Paradoja de Olbers. Si el universo fuera infinito y estuviera lleno de estrellas en todas direcciones, entonces, en teoría, el cielo debería estar completamente iluminado. Sin embargo, no es así.
“La respuesta a esta paradoja comenzó a entenderse en el siglo XX, con el descubrimiento de la expansión del universo”, explicó Ferrero. Gracias a los estudios de Edwin Hubble y la teoría del Big Bang, se descubrió que las galaxias se alejan entre sí, y su luz se desplaza hacia el rojo en el espectro electromagnético. “Cuanto más lejos está una galaxia, más rojiza se vuelve su luz hasta que, en un punto, se vuelve infrarroja y luego microondas, frecuencias que nuestros ojos no pueden ver”, aclaró el astrónomo.
Este fenómeno explica por qué hay zonas del cielo que parecen oscuras, cuando en realidad están llenas de radiación que no podemos percibir con la vista. “Es lo que se llama la radiación cósmica de fondo, la huella del Big Bang”, reveló Ferrero. Si nuestros ojos pudieran captar microondas, veríamos que todo el cielo brilla uniformemente.
*Gabriel Ferrero es licenciado en física, doctor en astronomía, investigador y docente. También forma parte de la Oficina Gemini Argentina, un observatorio que posee dos grandes telescopios, uno en Chile y otro en Hawaii. Es además autor del libro “¿Nacemos estrellados?” de la editorial Ciudad Nueva.
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