18/02/2026 – En “Estamos en Red”, compartimos una profunda reflexión de Hna. Mónica Cordero, religiosa de la Diócesis de Río Gallegos, en ocasión del Miércoles de Ceniza, que marca el inicio del tiempo de Cuaresma.
“Los vuelvo a invitar a que nos demos la oportunidad de regalarnos tratar de caminar un tiempo distinto, que son 40 días, un tiempo que puede parecer largo, pero que -como sabemos- pasa rápido y nos conduce a la Pascua», comenzó diciendo Hermana Mónica.
Al reflexionar sobre el significado de las cenizas, la hermana recordó las dos fórmulas que acompañan su imposición: “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”.
Sobre esta última expresión, reconoció que puede sonar algo dura porque nos enfrenta de manera directa con nuestra fragilidad y fugacidad. Sin embargo, puso el acento en el primer verbo: Recordar.
“Hacé memoria. Volvé a pasar por el corazón”, explicó, destacando que recordar no es solo traer algo a la mente, sino permitir que vuelva a tocar lo más profundo de nuestra vida.
La hermana Mónica invitó a mirar la ceniza desde otra perspectiva. Esas cenizas provienen de las ramas bendecidas del Domingo de Ramos del año anterior. Ramas que simbolizaron el deseo de seguir a Jesús, de acompañarlo en su pasión, muerte y resurrección.
“Seguramente a lo largo del camino los buenos propósitos se nos fueron desmigajando. La vida nos puso desafíos que no siempre supimos sobrellevar”, reconoció.
Pero esas ramas secas, al ser quemadas, no representan solo lo que se perdió. “En Dios toda la vida se transforma, nunca se pierde”, afirmó.“Las piedras no se queman; se queman las cosas que fueron vida. Donde hay cenizas, antes hubo vida, movimiento, calor.”
Para profundizar esta idea, compartió un recuerdo de su infancia. Hace unos 50 años, una vecina -a quien llamaba “abuela Ofelia”- esparcía las cenizas del asado entre las plantas de su jardín. Cuando de niña le preguntó por qué lo hacía, la respuesta fue sencilla y luminosa: “Las cenizas le dan vida a las plantitas que van a venir.”
Ese recuerdo quedó grabado en su corazón como una enseñanza para toda la vida.
La reflexión culminó con una invitación esperanzadora: Lo que hoy vivimos un día será ceniza. Pero no para recordar solo nuestra fragilidad, sino para seguir dando vida.
La Cuaresma, entonces, se presenta como un tiempo para hacer memoria, para reconocer nuestra fragilidad, pero también para descubrir que incluso desde nuestra pequeñez podemos ser fuente de vida nueva.
“Recordar que sos fugaz -concluyó-, pero que desde tu fugacidad también podés seguir dando vida.”
Una invitación concreta a vivir estos 40 días como un camino de transformación, donde incluso las cenizas hablan de esperanza.